Estar en paro, sin un sueldo, suele implicar vivir en un régimen aparte. Dicen que en Japón la gente que cae en desgracia se aparta de la vida pública, desaparecen. Pero aquí no es muy diferente: si no tienes dinero, los amigos no te van a llamar, porque casi cualquier actividad es un gasto y no van a estar todo el rato pagándote, ni tú les llamas, para evitarles esa incomodidad, y evitártela tú mismo. A ello se suma la habitual inconexión entre clases sociales, cualesquiera. Y, mientras tú pasas a ese "piso de abajo", los que tienen suficiente siguen en ese ambiente que creen el normal, pensando que todo el mundo vive más o menos así: cómo no va a tener todo el mundo "lo básico"; sin ser del todo conscientes (porque también sería demasiado doloroso, y para qué te vas a amargar la vida) de lo que conlleva vivir sin blanca... Se habla de desfavorecidos, de solidaridad, pero de este hiato vital no oigo hablar, quizá porque vivimos en un país donde no se ve a nadie morir directamente de hambre.
Adolfo Palacios para Cartas al Director de El Diario Montañés.

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