17 enero 2017

CUANDO ERA NIÑO…

Cuando era niño tenía
esa inocencia feliz,
que me bastaba un balón,
de cromos la colección
y un trozo de regaliz.

Soñaba con aventuras,
donde era paladín bueno
que batallaba por la paz,
para ser Capitán Trueno,
o el Guerrero del Antifaz.

No era un niño “rojo”,
ni fui niño falangista,
pero canté el Cara al Sol,
y me sentía un artista
al decir: SOY ESPAÑOL.

Mas sigo con mi niñez…
que fue en extremo gozosa
por tiempo y por aptitud,
que con candidez hermosa
hasta lo negro era luz.

Por eso son mis recuerdos
de sencillez infinita,
con sus orlas de valores,
donde las horas bonitas
se suman a días mejores.

Recuerdo un día de Reyes
de un año lejano en metas,
que por sacar buena nota
me trajeron unas botas…
en vez de la bicicleta.

Para que un ratito a pie
y otro ratito andando,
aprendiera lo que vale
el camino “San Fernando”…
de Somahoz a Corrales.

Y nunca podré olvidar
la noche de Noche Buena
y el villancico al cantar,
¡¡qué rica estaba la cena!!
y… ¡qué bello fue ver nevar!

Pero faltó el chocolate
el mazapán y el turrón,
mi madre hizo torrijas
y venga Dios y corrija
si aquello no era bombón.

Son estampas muy sencillas
que el recuerdo engrandece
cuando repasas la infancia,
valorando circunstancias
de aquel tiempo que enternece.

Yo tenía unos pantalones
limpios pero remendados,
unas katiuskas de goma
dos jerseys de quita y toma
y una boina azul morado.

El tiragomas, tirachinas,
y las canicas de barro,
la peonza de madera,
el tres en raya, o el marro
y el jugar a lo que fuera.

El recuerdo de un pupitre,
de la pluma y tinta china,
del Catecismo y Catón,
del brillo de brillantina
y hasta el olor del jabón.

La llegada del verano,
las grandes festividades,
el chapuzón en el río,
todo eran novedades,
todo el Mundo era mío.

Pues siendo pocas las cosas,
bastaba para estar pleno
en aquella vida especial,
donde premiaban lo bueno
y se castigaba el mal.

Urbanidad en la calle,
en casa escuchadores,
estudiosos en la escuela,
respeto con los mayores
y si no… “hostia que vuela”.

Y siguiendo las enseñas,
que el abuelo te decía
como regalo de abuelo,
trabajarás cada día
y en la Tierra tendrás Cielo

O como decían los frailes
de las Escuelas Cristianas,
futuristas del mañana,
entre muchas otras cosas,
“A juventud ociosa…
 vejez trabajosa”.

Y a pesar de ser un niño,
eras proyecto de mayor,
donde podías jugar,
estudiar y respetar,
para alcanzar lo mejor.

Una época pasada
que traigo hoy al presente
como un bonito guiño,
porque algo en mi mente
me pide ser ese niño.

Tinuco

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