La Vijanera se vistió este domingo con su mejor máscara para encandilar a los miles de personas que se acercaron a Silió (Molledo) en una edición de récord en número de visitantes. Expertos, como el suizo Andreas Winet, periodistas de distintos países y miembros de mascaradas nacionales e internacionales se sumaron a esa multitud para celebrar una cita catalogada como Bien de Interés Cultural Etnográfico Inmaterial y Fiesta de Interés Turístico Nacional enraizada en los ritos ancestrales de Cantabria.
La Asociación Cultural de Amigos de La Vijanera quería ofrecer en esta edición su mejor imagen y el resultado fue espectacular, como ratificaron tanto quienes se estrenaron en la mascarada de Silió como los más habituales, que se dejaron sorprender por más personajes, más trajes, más máscaras y una apuesta decidida por acercarse cada vez más y mejor al origen de la fiesta.
Mayoritariamente jóvenes, los fieles cumplieron con el rito y siguieron de cerca a la comitiva, aplaudiendo cada parada, riendo con las coplas satíricas, rendidos a una representación única que acaparó su atención hasta que la imponente iglesia románica de Silió impuso la ley divina para que los grandes protagonistas, los zarramacos, dieran muerte al Oso.
Antes de las doce del mediodía comenzó el gran espectáculo en dos lugares distintos. Una pequeña comitiva se dejaba ver en las laderas que bajan de Santa Marina a Silió, mientras el gran grupo salía de las antiguas escuelas, sede de la asociación organizadora. Nadie se quería perder uno de los momentos álgidos del día. Y nadie quedó defraudado. El Oso bajaba de los montes escoltado ya por los zarramacos que se unieron para darle caza al pié de la iglesia.
Las dos comitivas unidas se dirigieron a la plaza principal entre un pasillo humano donde las cámaras de fotos no paraban, dirigidas muchas hacia uno de los alicientes de los últimos años, los trajes naturales, este año más y mejor si cabe. Unos y otros rindieron honores a la fiesta en la plaza que acoge el centro de interpretación de La Vijanera. Sorteando calles estrechas y gente cuerpo a cuerpo con los vijaneros, el grupo se dirigió a la Raya, la frontera entre Silió y Santián, lugar elegido para pedir Guerra o Paz. Y como es habitual, ganó la fiesta y reinó una paz que, al menos, durará hasta el año que viene.
En ningún momento cesó la danza y, con ella, el sonido de los campanos que portan los zarramacos, 200 campanos que se dejaron sentir en todo el recorrido. Sonido que marca el ritmo a cuarenta kilos de peso por persona entre metal y cuerdas.
El largo recorrido hasta la Raya permitió disfrutar del centenar largo de integrantes de la comitiva, especialmente de los renovados trajes que recrean la Naturaleza, otra de las apuestas de este año, con mención especial al renovado Árbol, uno de los más fotografiados y el preferido de los niños. Con ellos, el amo, los traperos, la pepona, la madama o el mancebo, la gigante giralda, los danzarines, la preñá, la gorilona o las gilonas, también recuperadas este año. Todos envueltos en trajes de marcado corte rural, hechos con elementos propios de las labores cotidianas y la naturaleza de la zona, sacados de retales de telas viejas y sacos.
La comitiva regresó sobre sus pasos desde la Raya hacia la plaza de Santiago y de ahí a la campa donde se había instalado el escenario que acogió el canto de las secretas coplas. El mismo escenario en el que tuvo lugar el Parto de la Preñá, premonitorio de un año de bienes.
Y para finalizar, sorteando a los cientos de espectadores que, hombro con hombro, fueron afluyendo a la campa, llegó la victoria del Bien sobre el Mal, la culminación de la fiesta con los zarramacos abatiendo al Oso al pie de la iglesia parroquial, recibiendo su bendición, utilizando sus varas como lanzas de purificación, unidas, formando un círculo, sobre el plantígrado, para librar al hombre de malos presagios, que falta hace.
No faltó a la cita la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, una más entre la representación de su Gobierno y de todo el arco parlamentario cántabro, con su presidenta al frente, María José González. Sobre el terreno adelantó que las obras de la esperada cubierta de Silió comenzarán tras las vacaciones de Navidad, como lo había pedido el alcalde de Molledo, Joaquín Villegas, para no entorpecer la fiesta este año. Una cubierta que en la Asociación de Amigos de La Vijanera consideran un paso adelante que permitirá crecer la mascarada cántabra y organizar citas que están por venir este año. Y se tiene previsto licitar en este año el estudio informativo para la construcción de la Variante de Silió.
El alcalde incidió en el gran valor de la fiesta como elemento de referencia para Molledo y todo el valle en todo el mundo.
En ese sentido Buruaga ha destacado la importancia de una de las mascaradas de invierno “más conocidas y valoradas “dentro y fuera de la región”, y ha querido reconocer al esfuerzo de los vecinos de Silió y de la Asociación Cultural Amigos de La Vijanera, "cuyo trabajo durante décadas ha sido clave para conservar, documentar y difundir esta mascarada ancestral, evitando que se perdiera como ha ocurrido en otros lugares".
La Asociación Cultural de Amigos de La Vijanera quería ofrecer en esta edición su mejor imagen y el resultado fue espectacular, como ratificaron tanto quienes se estrenaron en la mascarada de Silió como los más habituales, que se dejaron sorprender por más personajes, más trajes, más máscaras y una apuesta decidida por acercarse cada vez más y mejor al origen de la fiesta.
Mayoritariamente jóvenes, los fieles cumplieron con el rito y siguieron de cerca a la comitiva, aplaudiendo cada parada, riendo con las coplas satíricas, rendidos a una representación única que acaparó su atención hasta que la imponente iglesia románica de Silió impuso la ley divina para que los grandes protagonistas, los zarramacos, dieran muerte al Oso.
Antes de las doce del mediodía comenzó el gran espectáculo en dos lugares distintos. Una pequeña comitiva se dejaba ver en las laderas que bajan de Santa Marina a Silió, mientras el gran grupo salía de las antiguas escuelas, sede de la asociación organizadora. Nadie se quería perder uno de los momentos álgidos del día. Y nadie quedó defraudado. El Oso bajaba de los montes escoltado ya por los zarramacos que se unieron para darle caza al pié de la iglesia.
Las dos comitivas unidas se dirigieron a la plaza principal entre un pasillo humano donde las cámaras de fotos no paraban, dirigidas muchas hacia uno de los alicientes de los últimos años, los trajes naturales, este año más y mejor si cabe. Unos y otros rindieron honores a la fiesta en la plaza que acoge el centro de interpretación de La Vijanera. Sorteando calles estrechas y gente cuerpo a cuerpo con los vijaneros, el grupo se dirigió a la Raya, la frontera entre Silió y Santián, lugar elegido para pedir Guerra o Paz. Y como es habitual, ganó la fiesta y reinó una paz que, al menos, durará hasta el año que viene.
En ningún momento cesó la danza y, con ella, el sonido de los campanos que portan los zarramacos, 200 campanos que se dejaron sentir en todo el recorrido. Sonido que marca el ritmo a cuarenta kilos de peso por persona entre metal y cuerdas.
El largo recorrido hasta la Raya permitió disfrutar del centenar largo de integrantes de la comitiva, especialmente de los renovados trajes que recrean la Naturaleza, otra de las apuestas de este año, con mención especial al renovado Árbol, uno de los más fotografiados y el preferido de los niños. Con ellos, el amo, los traperos, la pepona, la madama o el mancebo, la gigante giralda, los danzarines, la preñá, la gorilona o las gilonas, también recuperadas este año. Todos envueltos en trajes de marcado corte rural, hechos con elementos propios de las labores cotidianas y la naturaleza de la zona, sacados de retales de telas viejas y sacos.
La comitiva regresó sobre sus pasos desde la Raya hacia la plaza de Santiago y de ahí a la campa donde se había instalado el escenario que acogió el canto de las secretas coplas. El mismo escenario en el que tuvo lugar el Parto de la Preñá, premonitorio de un año de bienes.
Y para finalizar, sorteando a los cientos de espectadores que, hombro con hombro, fueron afluyendo a la campa, llegó la victoria del Bien sobre el Mal, la culminación de la fiesta con los zarramacos abatiendo al Oso al pie de la iglesia parroquial, recibiendo su bendición, utilizando sus varas como lanzas de purificación, unidas, formando un círculo, sobre el plantígrado, para librar al hombre de malos presagios, que falta hace.
No faltó a la cita la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, una más entre la representación de su Gobierno y de todo el arco parlamentario cántabro, con su presidenta al frente, María José González. Sobre el terreno adelantó que las obras de la esperada cubierta de Silió comenzarán tras las vacaciones de Navidad, como lo había pedido el alcalde de Molledo, Joaquín Villegas, para no entorpecer la fiesta este año. Una cubierta que en la Asociación de Amigos de La Vijanera consideran un paso adelante que permitirá crecer la mascarada cántabra y organizar citas que están por venir este año. Y se tiene previsto licitar en este año el estudio informativo para la construcción de la Variante de Silió.
El alcalde incidió en el gran valor de la fiesta como elemento de referencia para Molledo y todo el valle en todo el mundo.
En ese sentido Buruaga ha destacado la importancia de una de las mascaradas de invierno “más conocidas y valoradas “dentro y fuera de la región”, y ha querido reconocer al esfuerzo de los vecinos de Silió y de la Asociación Cultural Amigos de La Vijanera, "cuyo trabajo durante décadas ha sido clave para conservar, documentar y difundir esta mascarada ancestral, evitando que se perdiera como ha ocurrido en otros lugares".
Pulsa sobre la imagen para más información.

No hay comentarios:
Publicar un comentario