09 diciembre 2011

EL PELIGRO DE LAS REBAJAS

Ángel nos cuenta que un matrimonio se fue a Río de Janeiro de vacaciones y se alojaron en el hotel Sheraton.
Cuando estaban sentados en la terraza del bar del hotel tomando una caipiriña, vieron que entraba una muchacha despampanante, de ésas que sacan el hipo en todo: cara, pelo, senos, piernas, caderas, etc. ¡En todo!
Asombrada, la mujer dijo:
Qué mujer tan espectacular! ¿A qué se dedicará? ¿Será artista?
Qué va!, respondió el marido. Ésa es prostituta.
No— replicó la mujer, ¡esa muchacha no puede ser prostituta!
Y se armó la discusión. Para zanjarla, el marido dijo:
Tú quédate dónde estás que yo me voy a la mesa de al lado. Cuando esa muchacha salga del bar tendrá que pasar por aquí. Yo la abordaré y le preguntaré, y escucharás la conversación. Y así lo hicieron. Cuando la muchacha se acercaba a las mesas, el hombre se levantó, la interceptó, y entre ellos tuvo lugar esta conversación
Buenas tardes, señorita. ¿Podría invitarla a una caipiriña? De inmediato, la muchacha aceptó, y se sentaron ambos en la mesa que antes ocupaba sólo el hombre.
Si no es indiscreción, ¿podría decirme a qué se dedica usted? Soy modelo, pero estoy disponible para hacer lo que usted quiera—, respondió la muchacha con una mirada que no requería de más explicaciones. ¿Y cuánto me costaría eso? 500 dólares, respondió la muchacha. ¿Y qué podríamos hacer por 100 dólares? Señor, 100 dólares es lo que pago cada día en el salón de belleza.
Ante esto, el hombre le dio las gracias, se retiró y se sentó de nuevo al lado de su mujer, sin decirle nada, pues sobraban los comentarios ya que ella había escuchado todo.
A la mañana siguiente, cuando la pareja bajaba para desayunar en el restaurante del hotel, al parar el ascensor en el piso 3 entró la exuberante muchacha. Un poco sorprendida miró al hombre, lo reconoció y, mirando luego de arriba abajo a su mujer, se volvió de nuevo al hombre y le dijo:
¿Ves lo que consigues por 100 dólares?

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