21 agosto 2010

¡UN CONFLICTO BIOÉTICO-JURÍDICO !

MI MAMA SE LLAMA PEDRO
Carmen nos aporta este documento que dice que dos leonas no hacen pareja. Dos gatos, tampoco. No pueden aparearse. Para ello tendrían que ser de distinto sexo y de la misma especie. Son cosas de la zoología. No es producto de la cultura hitita, fenicia, maya, cristiana o musulmana. Por supuesto no es un invento de la Iglesia Católica. Muchos siglos antes de que Jesús naciera en Belén, el Derecho Romano reconocía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. La esposa era para tener hijos.
La palabra matrimonio procede de dos palabras romanas: "matris" y "munio". La primera significa "madre", la segunda "defensa". El matrimonio es la defensa, el amparo, la protección de la mujer que es madre, el mayor y más sublime oficio humano.
Cada palabra tiene su significado propio. Llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo me parece como poco serio. Jurídicamente, un disparate. Que le llamen "homomonio", "chulimonio", "seximonio", lo que quieran, todo menos matrimonio, que ya está inventado hace tiempo. Nadie llama tarta de manzana a la que está hecha de peras. Lo curioso es que cuando dices cosas como estas, algunos te miran como extrañados de que no reconozcas la libertad de las personas. Y por más que les dices que sí, que respeto la libertad de todos, que cada uno puede vivir con quien quiera, incluso con su perro, pero que eso no es un matrimonio, van y me llaman intolerante.
No sé lo que harán los parlamentarios españoles a la hora de votar. Son políticos, no juristas. Votarán por razones políticas, no según Derecho. Las consecuencias son graves. Si un varón tiene derecho a casarse con otro varón y una mujer a hacerlo con otra mujer, ¿le vas a negar el derecho a un hermano a casarse con su propia hermana? ¿o a un padre a hacerlo con su hija? ¿No tienen el mismo derecho?
La sociedad se quiebra. Huele a podrido. Como en Dinamarca, cuando la profe le preguntó a Pablito cómo se llamaba su madre, el niño contestó: "Mi mamá se llama Pedro"

Autor: R.P. José Carlos Areán, Capellán del R.C. Celta - Vigo

2 comentarios:

Elvira dijo...

Pues si pensar así es ser intransigete yo también lo soy. siempre he respetado a todo ser humano, es más tengo amigos que se han criado conmigo que son homosexuales, que viven con otros de su mismo sexo, pero mis amigos lo hacen con discrección, se han hecho pareja de hecho porque si me parece justo que si dos personas viven juntos una vida y uno de los dos muere, el otro que ha estado siempre a su lado tenga el derecho a la viudedad o la herencia o lo que sea. Pero jamás comparar algo así con la igualdad entre las parejas hombre-mujer, macho-hembra aunque suene mal, pero la naturaleza nos creo así, para que haya dos cuerpos que se complementen, como el tornillo y la tuerca, igualar el matrimonio o pareja heterosexual ala homosexual me parece degradante. Les respeto, pero no apruebo esa igualdad y mucho más aberrante me parece el que ahora les quieran dar el derecho a adoptar niños a las parejas de hombres, las parejas de lesbianas lo tienen más facil porque una de ellas se fecunda y queda preñada...pero es que nadie piensa en las criaturas?, los políticos, y los homosexuales y los que presumen de su gran transigencia dicen que no serán nunca niños traumatizados, eso no se lo cree ni quien lo dice, en un hogar los hijos siempre necesitan la figura materna y la paterna, no dos maternas y menos aún dos paternas. Yo no se a donde iremos a parar. Es como el día del Orgullo Gay que en realidad es permitir una orgia desenfrenada que pone en vergüenza a la sociedad. Y si hay que celebrar orgullos, para cuando el día del orgullo heterosexual?, porque ese día si debería de existir, aunque no lo necesitamos, porque los que somos hombres y mujeres que actuamos como tales siempre es un orgullo el que sentimos al serlo.
Y que los hijos nazcan como Dios manda de la unión natural, placetera y llena de amor de un hombre y una mujer.
Elvira

Dobra dijo...

Ha tenido que ser una mujer la autora de este valiente comentario, identificándose debidamente, no escondiéndose tras el anonimato.