19 junio 2019

TIENDA DE HORTENSIA Y FOTOS EL MAÑO

Cuando hablamos de Fotos El Maño, automáticamente nuestros recuerdos nos sitúan en la plaza de La Rasilla, al lado del Garaje Collantes. Igualmente nos hace recordar que el negocio no era solamente de fotos, sino que además era tienda de comestibles y el transporte de mercancías a pequeña escala. Y rápidamente nos viene a la memoria la figura de dos personas, que tuvieron un gran peso en el pueblo y en la zona de La Rasilla, no porque hicieran grandes cosas, sino porque atraían a los clientes con su delicadeza. Es mi opinión. Estas dos personas eran D. Antonio Gutiérrezc Arozamena y su esposa Dª Hortensia, “Tensi” para sus convecinos.
Lo primero que nos llama la atención es el nombre de El Maño. Siempre creí que su nombre venía de ser descendiente de aragoneses, pero la realidad es el que D. Antonio era de Barros. En realidad dicho nombre de El Maño, le provenía de su padre, que estuvo durante un tiempo de su vida viviendo en Zaragoza.
El traslado al pueblo de Los Corrales, se produjo hacia los años 1940, 1941. Es en este período cuando abren el establecimiento en la zona de La Rasilla, sin que vuelva a cambiar de lugar hasta su cierre definitivo.
El negocio lo llevaba el matrimonio, pero era Dª Hortensia quien se dedicaba fundamentalmente a la tienda de comestible y D. Antonio ejercía todo lo relacionado con la fotografía y el transporte.
La tienda no era muy grande, pero estaba muy bien aprovechada. A la izquierda de la entrada se encontraba un mostrador y al frente de la misma entrada había otro. Además había un escaparate de cara al exterior en el que en varios tableros de madera se exponían parte de los productos que había en la tienda.
Los productos que se vendían en la tienda eran muy variados, no podemos olvidar, que aunque hoy parece un sitio sin gente, en aquella época pasaba mucha gente y venía a ser el centro del pueblo; por otro lado no había, salvo otra tienda de comestibles, situada después de pasar las vías del tren, prácticamente ninguna competencia. Se vendían todo tipo de frutas y legumbres de acuerdo con el periodo de crecimiento o mejor dicho “productos de temporada”. No nos olvidemos de los quesos, de la bebidas, tanto alcohólicas como refrescantes, los productos de limpieza y, lógicamente no nos olvidemos de las golosinas, que los niños que acompañaban a su madres “donde El Maño”, demandaban de ellas. Todavía me acuerdo de las frecuentes paradas que solía hacer muchas tardes, cuando de camino de la “lección” del Don Gonzalo (buen profesor, buenas clases, toda una institución educativa, por lo menos para mí), paraba para surtirme de algún caramelo, tampoco mucho, que no había dinero.
Hay que decir que las hortalizas y otros comestibles se traían diariamente de Herrera de Pisuerga. Era D. Antonio quien todos los días cogía la furgoneta, una “Bradford” de color azul. Hay que pensar que en aquella época no existía la carretera como ahora, que había que pasar por las Hoces, que los inviernos eran más duros, y los coches menos potentes. Al menos con mucha imaginación podrían ser dos horas de ida y otras dos de vuelta. Según esto ¿a qué hora tenían que salir para traer el producto? Por otro lado, también los productos se traían de los almacenes de Torrelavega.
Lógicamente, era muy frecuente que al mismo tiempo que Dª Hortensia atendía a la venta de la tienda, apareciese alguna persona para hacerse una foto para el carnet o para cualquier otro documento oficial y había que esperar a que “despachara” a la persona y pasara acoger la máquina para hacerte la fotografía (creo recordar que tenía una tablón blanco en el que te situabas y te sacaba la foto). Al día siguiente podías pasar a recoger las fotos.
Las puertas del negocio se cerraban hacía las 8 de la tarde, había que meter el género en el interior de la tienda, proceder al cierre de las ventanas y la puerta. Mañana llegaría pronto.
Como hemos dicho D. Antonio era quien llevaba las cuestiones de la fotografía, había que asistir a las bodas, a los bautizos, las comuniones o las fiestas de los pueblos a hacer fotos a los fiesteros. Luego había que seguir trabajando en casa, pues las fotos había que revelarlas. Solían hacerlo en la zona del garaje que poseían en la calle de Peñas Arriba. Allí, en una zona obscura procedían al revelado.
Todas las cosas iban bien, pero por desgracia un día entre el año 1969-1970, D. Antonio tuvo un grave accidente en la zona de Sarón y su vida se truncó. Los vecinos se quedaron de piedra cuando llegó la noticia, no podemos olvidar que D. Antonio era muy apreciado en el pueblo, igual que su familia. La vida cambió para la familia, pero Dª Hortensia tuvo fuerzas para seguir y sacar a adelante la familia que quedaba, ella, dos hijas y un hijo. Todos siguieron con su trabajo, tienda, fotos y transporte. Hortensia y su hija mayor dedicaron gran parte de su tiempo a sacar adelante la tienda y las fotos; su hijo, asumió el transporte de mercancías de todo tipo, algunas veces recuerdo haberle visto transportando ganado, otras transportaba materiales para distintos talleres que existían en el valle. Además se ejercía en la actividad de la fotografía como se había hecho siempre en la familia. La pequeña de la familia se centró en los estudios, aunque siempre había que ayudar en el negocio familiar cuando se podía.
La tienda se mantuvo hasta el año 1994, cuando Dª Hortensia decide cerrar el negocio pues era la hora de la jubilación. Los hijos habían iniciado otros caminos, y para ella era el momento de descansar y disfrutar de sus nietos, y en algunos momentos acordarse de los malos momentos sufridos en el tiempo de posguerra, cuando pasaban los de Abastos para controlar las mercancías de “extraperlo” había que esconderlo para que no lo localizaran y cuando se marcharan volverlo a su sitio. Eran momentos pasados, pero ahora tenía el recuerdo de la vida pasada y el futuro de sus hijos y nietos.
En todo caso, dejaron una señal en la “historia” de la Avenida José María Quijano.

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