14 octubre 2009

PARA MEDITAR

A VUELTAS CON EL BOTELLÓN
Nunca hasta el otro día comprendí las enormes molestias que el fenómeno tan masivo y criticado del botellón adolescente puede acarrear entre quienes más de cerca lo sufren: los vecinos afectados. Tengo la suerte de vivir en una zona muy tranquila y alejada de cualquier posibilidad de macroreunión y solía escuchar las quejas y leer las frecuentes cartas al periódico con cierto distanciamiento, hasta que hace unas fechas pude experimentarlo en carnes propias.
Mis amigos viven en una zona residencial de Santander (para situarnos, detrás de Las Carolinas) y tienen niños, así que cuando al poco de mudarse les habilitaron un parque junto a su edificio, se alegraron por disponer de una zona de esparcimiento. ¡Qué ingenuidad! Había comenzado una larga batalla de denuncias constantes ante las que la policía local se muestra impotente. La respuesta es siempre la misma: «Lo sentimos, no contamos con dotación policial suficiente». Les aseguro que el ruido es ensordecedor y el alcohol causa estragos a medida que avanza la noche (música a tope, conversaciones a voces carentes de cualquier profundidad como podrán imaginar, rotura de botellas y mobiliario urbano, meadas...).
Aunque los parques municipales tienen establecida una hora de cierre, ésta jamás se cumple. La situación es insoportable y el cabreo de los vecinos está más que justificado cuando piensan en Santander 2016 capital cultural europea. Por lo vivido la pasada noche, les aseguro que estaríamos mucho más cerca de ser la capital europea del botellón. Me imagino los teléfonos ardiendo cada noche de fin de semana en la comisaría de los bajos del Ayuntamiento desde los innumerables 'puntos calientes' de nuestra geografía y siempre la misma respuesta, que traducida eludiendo los tacos, viene a ser 'Arréglenselas como puedan'. Siempre fue motivo de tensiones el descanso de los vecinos frente al disfrute de los jóvenes, pero hay situaciones que claman al cielo. Ésta es sólo una de tantas. Estimado concejal de policía: hagan algo y que sea pronto por el bien de la convivencia.
[Manuel Vidal en El Diario Montañés]

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