He pasado varios días por la avenida de Valdecilla y he podido comprobar como, tras forzar la persiana metálica de lo que fue un comercio, a escasos 100 metros del hospital, malvive un chico joven, con aparentes signos de tener mermadas sus facultades mentales, no teniendo por lo tanto capacidad de discernir algo tan elemental como su propia salud personal.
El habitáculo está lleno de excrementos, restos putrefactos de comida y papeles de periódico. Pernocta sobre un maltrecho colchón, entre un olor nauseabundo, siendo un foco de infección tanto para el propio chico como para el resto de ciudadanos.
Supongo que las autoridades políticas, sociales y policiales tendrán constancia de su existencia, pero casi seguro que no será de su competencia. Ellos están para cosas más importantes.
Desde distintos estamentos se nos destaca el ámbito cultural, social y deportivo de nuestra ciudad, llegando a clasificarla como ciudad inteligente.
Mucho me cuesta creer que una sociedad que no tenga los suficientes recursos sociales, jurídicos y sanitarios para resolver este tipo de problemas, aunque sea en contra de la libertad personal de un individuo mermado hasta estos extremos, sea capaz de considerarse inteligente.
Más bien diría que se trata de una sociedad injusta e insolidaria.
A.José Salas Pérez-Rasilla, en Cartas al Director, del Diario Montañés