18 junio 2014

CARTA A LA DEMOCRACIA

Hemos olvidado todo, no queda nada. Atrás quedaron el sufrimiento, la pena y las lamentaciones. Atrás quedaron las bombas, las cruces gamadas y las antorchas. Atrás quedó el horror. Olvidado está. No lo creemos posible. Incultos. Ignorantes. La culpa es suya, no de otros. Hipócritas de acusar. Cínicos de achacar sus problemas a quienes tan solo fueron reflejo de su voluntad.
Bendita cultura. Bendito saber. Fuente de la eternidad y del progreso. Hábil sanadora, medicina contra odio, pobreza y crisis. Quién te ha visto, quién te ve. Viejos tiempos de gloria compañera. ¿Recuerdas cuando mirábamos al horizonte y una media sonrisa de esperanza nos ocupaba el rostro? ¿Recuerdas esas eternas tardes del tórrido verano cuando matábamos el tiempo con nuestros juegos? ¿Recuerdas compañera, cuando tú y yo éramos uno? Anhelo es lo que siento, querida amiga. No sé que es de ti. Tan solo sé que estás extinta. Quienes debieran defenderte no lo hacen, y quienes te han apuñalado por la espalda se han vuelto más fuertes que nunca.
Aquí te espero, turbado. Te espero mientras miro al horizonte y una lágrima baña mi rostro. Te espero mientras todos aquellos a quienes diste un motivo para vivir luchan con palos y piedras en las calles que en otro tiempo escucharon tus dulces palabras y versos. No sé qué hacer más que permanecer estático. ¿Acaso no es lo que hiciste tú? No te lo echaré en cara, pero te necesitamos. Es ahora o nunca. Vuelve por favor. Vuelve antes de que el Sol se oculte en la línea del horizonte que antes aguardábamos juntos.

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