Creo que la Real Academia de la Lengua sí puede aspirar a cierta potestad normativa, no limitarse a constatar lo que hay. Dejarse arrastrar y dejar que se impongan los usos que van llegando, sean cuales sean, no es lo más inteligente, y los propios hablantes podrían tener su papel en ello, si lo asumieran. Porque no todas las comunidades de hablantes son igual de cuidadosas con su idioma; algunas llevan ventaja, otras pagan las consecuencias. La progresiva absorción del verbo oír por el verbo escuchar en las últimas décadas, hasta casi anularlo, creo que es un claro ejemplo de empobrecimiento. La Real Academia puede intervenir para mejorar el rendimiento de la lengua, a través de los estudiantes de primaria y bachiller. Y debería hacerlo, por supuesto, argumentando. Es cierto que la supuesta degeneración del idioma tiene algo de subjetiva, pero una reunión de académicos puede determinar qué es lo más indicado, explicarlo, y difundirlo a través de libros de texto, más o menos como se hacía en mi época con el "Lázaro Carreter".
Adolfo Palacios para Cartas al Director de El Diario Montañés.

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