El discurso racista es simplificador, pero el antirracista también puede serlo. Con motivo de unos insultos que se profirieron el año pasado en un partido de fútbol contra un jugador mulato, un jugador decía, después: "A veces no es exactamente racismo, es que atacan con lo primero que encuentran, con tal de hacer daño". Pensamiento que denota, creo, un buen conocimiento de cómo funciona el ser humano. Vi a una chica zaherir a otra llamándola celulítica, y probablemente sin albergar gordofobia en su alma. Pero los límites acaban siendo difusos, claro. En todo caso, combatir el racismo implicaría atacar también pasiones que están ahí desde tiempo inmemorial: complejos, envidia, sadismo... Vicios cuya mención no está de moda, desde que otros "pensamientos únicos" han pretendido el monopolio que antaño tenía la religión, y desde que se pasó de decir a los niños que eran muy malos a decirles que son muy buenos.
Adolfo Palacios para Cartas al Director de El Diario Montañés.

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