21 octubre 2014

“EL DÍA QUE CORRÍ CONTRA EL DEMONIO” … Y GANÉ

Durante los tres últimos meses, mucha gente me ha preguntado porqué me he vuelto loco a entrenar, porqué he pasado de no hacer nada de deporte a entrenar como un animal y vivir pendiente de ello. Estos tres meses han sido una lucha por cerrar un círculo y conseguir un sueño. Pero sobre todo por vencer un demonio que la mayoría de las personas, incluso de mi círculo más cercano ni siquiera sabía que me acompañaba.
Llegó la hora de dejarlo claro. ¿De qué hablo cuando hablo del “demonio”?. Seamos sinceros, hablo de depresión. De un trastorno de depresión y ansiedad que me ha llevado a los infiernos y contra el que he luchado con uñas y dientes los últimos tres años. No es tiempo ahora de explicar con detalle lo que significa, pero básicamente es dolor y sentirse muerto en vida.
Terapias, médicos, medicación, conversaciones … todo encaminado a repararlo pero todo, al menos para mí, sin solución final. Un cúmulo de altibajos, una situación vital insostenible que te puede costar la familia, el trabajo y para que engañarnos, hasta la vida.
Encontrando la manera
Sabía que la única manera era un cambio total, algo que realmente supusiese un reto para mí, un reto que inundase toda mi vida y me obligase a cambiar de manera radical. Estar concentrado en eso y saber que para lograrlo era necesario cambiar todos mis esquemas. ¿Pero qué?
Hacía tiempo había leído el libro de Josef Ajram “No sé dónde está el límite, pero si sé dónde no está”. Me había parecido increíblemente motivador, pero un reto deportivo me sonaba inalcanzable. Sin embargo la filosofía de retarme a mí mismo, de buscar más allá de mis límites, me hizo querer intentarlo.
Decidido. Me di un plazo de 100 días para que fuese algo que pudiese medir. A medio plazo. Difícil pero no imposible.
¿Cómo te preparas tu primer reto deportivo si no has hecho nunca deporte? ¿Qué prueba es adecuada, más allá de lo que puedas leer en un blog o te comente un amigo? ¿Cómo haces eso tú, que no sabes, sin destrozarte ni quedarte por el camino?
Encontré la web de la TUI Marathon aquí en Palma. El día que encontré la prueba quedaban exactamente 90 días para la carrera. Blanco y en botella. ¿No?
Dream team
Mi equipo más especial, está formado por Esther y mis dos hijos, Teo y Jon. Ellos han sido los que han aguantado los cambios de horario de papá, llegar a las tantas de correr…etc. Pero también los que han ido disfrutando conmigo el día a día de las mejoras. Sin vosotros creo que ni siquiera lo habría intentado.
El día a día
Para una persona que no está acostumbrada a la disciplina del deporte, esto es lo más duro. Reunir fuerzas en el día a día para salir a entrenar. Y ahora puedo decir con total seguridad, que es ahí donde se produce el cambio. Donde se forja la voluntad que me ha hecho conseguirlo y salir victorioso.
Confías en ti mismo porque ves el reto cada vez más cerca y las posibilidades de lograrlo cada vez más numerosas.
Sonrisas y lágrimas
No todo ha sido bonito ni cabe en esta entrada. He sufrido mucho, muchos días me he despertado con dolores fuertes por todo el cuerpo, preguntándome si merecía la pena.
He llorado de nervios, de agobio pensando que no lo lograría…
Salir a entrenar con lluvia, con calor, con poco tiempo porque has salido tarde o seguir cuando te apetece solo descansar es duro, pero es el único camino. La derrota esta vez no entraba en mis esquemas. No podía no lograrlo, por muchas dudas que tuviera.
Y llegó el día
Por fin, no sin ciertas dificultades de salud en las últimas semanas, llegó el día.
Todo listo la noche anterior.
Muchos nervios, dudas, pero también la certeza de que es la batalla final. De verdad que hoy he sentido al diablo reir a mi lado antes de tomar la salida. Lo he sentido en algunas cuestas tratando de hacerme bajar el ritmo o en los momentos de flaqueza creyéndose victorioso.
En el momento justo antes de tomar la salida cerré los ojos en medio del jaleo, la música y las palmas. Visualicé los tres meses de esfuerzo, recordé que no me había rendido ni un solo de los días de entrenamiento ni me había saltado ni uno. Recordé los días que me había emocionado al verme a mí mismo entrenando bien. Me acordé de mi chica y mis hijos. De cómo ellos me han visto mejorar y estar cada día un poco mejor.
Lo que no sabía el demonio, y creo que yo tampoco, es que en el momento que abrí los ojos, ya le había ganado la carrera.
Pero aun así corrí. Corrí mejor que ningún día. A pesar del cansancio, del catarro y las dudas corrí concentrado. Fueron cayendo los kilómetros y me sentía fuerte, corría en casa, por calles conocidas, recorriéndolas de otra manera, pensando solo en conseguirlo. He disfrutado del recorrido, del ambiente, de la organización… ha sido inolvidable.
Y casi al final, a unos doscientos metros de la meta, te encuentras a tu familia animando, te da fuerzas para dar las últimas zancadas pegadas a una sonrisa. Ahí deja de doler el cuerpo y vuelve el aliento. Y llegan las lágrimas.
Pero lo logré. 58 minutos y 11 segundos después de tomar la salida, crucé la meta de mi primer 10k con el dorsal 9072. Lo había logrado.
Confieso que al poco de cruzar la meta me vine abajo. No puede evitar romper a llorar y aún ahora me emociono al escribirlo. Fui hasta mi familia y allí llegaron los abrazos y las felicitaciones. La emoción y el alivio.
Lo conseguimos. Pero antes tuve un momento a solas con el demonio. Nos miramos y hablamos. Reconoció la derrota. Yo reconocí que a pesar del dolor, me ha hecho aprender mucho y me ha vuelto más fuerte. Pero eso sí, ahora sé que nunca lo tendré a menos de 10k de distancia.
¿Y si algún día me engaña y decide volver a atacar? Hay una diferencia muy importante y él lo sabe. Ahora yo no le tengo miedo. Le he vencido. Le reté y perdió. Perdió en el día a día y perdió la carrera.
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