21 noviembre 2016

LA GITANA

    Mírala, mírala, mírala
    como baila sevillanas,
    que los geranios la admiran
    y los claveles suspiran
    cuando danza la gitana.

    La fuente con su susurro
    llena de calma al jardín,
    y un abanico de plata
    que hace juego con su bata
    la vuelven un querubín.

    Toca y toca las palmas,
    se mueve con gallardía,
    y cada gesto bendice
    lo que la nota le dice
    con su arte de alegría.

    La melena de azabache
    entre ojos encendidos
    con su perfil hace juego,
    el alma prende los fuegos
    que guardaba escondidos.

    Las cuerdas de la guitarra
    tiemblan de puro placer,
    las castañuelas voltean
    con los repiques que crean
    colores de atardecer.

    Con un jerezano vino,
    recostada en el brocal
    del pozo de los arcanos,
    su silueta pinta vanos
    que ella cambia a juncal.

    Su nombre que bien que suena,
    porque se llama Rocío
    y de apodo Primavera,
   es la flor de la chumbera
    y piropo de tronío.

    Y cuando va a la feria
    subida en la mula oscura
    es como Virgen bendita,
    donde la sonrisa cita
    la mejor de las venturas.

    Y hasta las amapolas
    que enfatizan el trigal
    al verla ya sienten celos,
    porque ella es el Cielo
    por su gracia y su sal.

    Y sigue, sigue la fiesta,
    los faroles encendidos
    que confunden a la luna,
    que con cara de aceituna
    va permitiendo descuidos.

    El tablado se resiente
    al afán del taconeo,
    suena el olé y olé
    que aplaude por lo que ve
    de ese grácil contoneo.

    Mírala, mírala, mírala
    como baila sevillanas,
    que los geranios la admiran
    y los claveles suspiran
    cuando danza la gitana.

    Tinuco

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