Nos dicen que hay crispación, pero a veces son los periodistas, con términos vulgares y enfoques degradados, los que parece que la avivan. Porque las leyes y las sentencias no se "tumban", se derogan, se rechazan, se revocan. O ¿por qué decir que en el Congreso ha habido bronca, pudiendo decir que ha habido disputa, enojo, conflicto? Las instituciones no ponen pegas, sino inconvenientes, obstáculos, condiciones. Los entrevistados no se mojan, se comprometen, se pronuncian... En fin, esto me recuerda a uno que decía que olía a caca, y lo que pasaba era que él llevaba la caca pegada a la nariz. ¿Puede la Real Academia (institución que obtiene fondos de los Presupuestos) permanecer impasible ante el empobrecimiento del lenguaje?, ¿no debería ser tarea suya intervenir en los medios, al menos en los estatales?
Adolfo Palacios para Cartas al Director de El Diario Montañés.

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