03 diciembre 2009

REVILLA INCONTINENTE


La irrupción de Miguel Ángel Revilla en el panorama mediático nacional tiene un origen preciso: aquella noche del 24 de mayo de 2004 cuando en el programa 'Desde la grada' que dirigía Walter García en Canal 8 DM, la televisión de esta Casa, el presidente relató con mucha gracia y no pocos alardes de fantasía la boda de los príncipes Felipe y Letizia, con aquel retrete en el que entraban y salían Harald de Noruega, Felipe González, Aznar, Chaves, Ernesto de Hannover y el propio Revilla como en el camarote de los hermanos Marx. Lo recuerdo bien porque yo era uno de los periodistas que estaban en el plató tirándole de la lengua. 

Siempre tuvo Revilla gran repercusión periodística, muy por encima de su representación política, pero aquella noche inició un camino estelar. Luego vinieron las anchoas y el taxi a La Moncloa, el relato de su debut sexual en Bilbao y tantos otros episodios extravagantes en todas las 'teles'. Revilla maneja bien los códigos de la comunicación: tiene simpatía, naturalidad y un gran olfato para conectar su discurso con la gente común. Desde luego, su constante presencia en los medios ha servido a la promoción de Cantabria en el exterior y le ha dado excelentes réditos a él y a su partido, el PRC.
Pero con el tiempo el personaje mediático ha abducido al líder político de altas responsabilidades institucionales, que ahora parece tener como función principal soltar alguna ocurrencia todos los días, muy diversas y hasta contradictorias entre sí, como todo lo que ha dicho en las tres últimas semanas sobre su futuro político y electoral.
Al Revilla incontinente le toca ahora atacar al Racing. Es una maniobra ventajista, justo cuando el equipo ha entrado en puestos de descenso y la situación económica es tan ruinosa como siempre. El forofo Revilla reivindica una vez más su derecho a criticar libremente al consejo de administración, al entrenador y a los jugadores, pero al presidente Revilla habría que recordarle al menos tres cosas: que él mismo trajo al actual grupo gestor, que su deber institucional le obliga a no desestabilizar al Racing en un momento de crisis y que el Gobierno que preside ha destinado en los últimos años ingentes cantidades de dinero público a que sus futbolistas profesionales, los que critica y los que no, se vuelvan cada vez un poco más multimillonarios. 
[Jesús Serrera, en Tribuna Libre, del Diario Montañés]

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