15 marzo 2010

CADA SOCIEDAD TIENE LA JUVENTUD QUE SE MERECE

NI ENTIENDO NI ME RÍO
Ni entiendo ni me explico que exista una generación de críos que ni estudia ni trabaja. Ni comparto ni aplaudo que una cadena los convierta en protagonistas de un programa de televisión (aún no salgo de mi asombro al ver que en el telediario de esa cadena ofrecían como noticia un revolcón de dos de estos adolescentes). Ni comprendo ni perdono que unos padres permitan que su hija se levante de la cama a diario a la una, encienda el ordenador, se ponga delante y no mueva el culo de la silla comprada en Ikea con el sueldo de papá hasta que ya no queda nadie con quién chatear. Un día, y otro, y otro más... Siete de siete.
«Ni estudio, ni trabajo...», le dicen al psicólogo al que les llevan cuando ya no pueden con ellos. Ni aporto, ni sumo, ni vivo, ni siento... Pero salgo en la tele fumando los porros que me pasan a cambio de la paga de la abuela. «Nadie me entiende», protesta ante la audiencia un chico detenido por conducción temeraria. Es una víctima. Víctima de que esta sociedad se acomodó hace tiempo. Víctima de tenerlo todo. Víctima de haber perdido la capacidad de esfuerzo. De lo fácil. Del asqueroso concepto del éxito. De ganarse el aplauso por decir vulgaridades gritando mucho... Ahora los héroes no manejan más de diez palabras.
«Es una edad difícil», dice la mami que le daba al crío todo lo que pedía si lloraba muy alto. Claro que lo es. Una edad de andar perdido. Lo fue para mi abuela, criada sin televisión. Para ese padre que dejó de estudiar y aprendió un oficio. Pero no fueron 'ninis'. Ni idiotas ni vagos. Y ahora algunos mantienen a parásitos sociales pensando que así hacen bien su tarea.
Luego van a 'El diario de...' a un programa titulado 'Ya no sé qué hacer con él'. Y se encuentran con un tonto que cuenta que su novia se quedó embarazada por una inyección (esto es verídico).
Ni presente. Ni futuro.
[Alvaro Machín, en El Diario Montañés]

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