08 octubre 2012

LOS SALAS EN LA HISTORIA RECIENTE DE LOS CORRALES DE BUELNA

PAULINO LAGUILLO GARCÍA-BÁRCENA
(Miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores)
Una de las familias corraliegas que enaltecieron la historia más reciente de este municipio cántabro por estar directamente ligada a los gérmenes de su industria durante el último tercio del siglo XIX fue la del apellido Salas, muy conocido y extendido desde entonces en esta localidad.
Tuvo su inicio con Domingo Salas Cianca, que había nacido en Vioño el día 3 de agosto de 1846, siendo sus padres Angel Salas y María Cianca. Nieto por linea paterna de Juan Manuel Salas y de Josefa de la Torre. Y por línea materna de José Cianca y de Petronila de la Pedraja.
Data el apellido Salas en Cantabria por lo menos del siglo XVI en las inmediaciones de Santander, siendo sus abuelos paternos naturales de Soto de la Marina y San Román de la Llanilla, lo mismo que sus bisabuelos Juan de Salas San Miguel y Josefa Llata, cuyos padres ya residían en el primer lugar a mediados del siglo XVIII. Herrero de profesión, a los 26 años contrajo matrimonio con María de Argumosa de la Gándara, vecina de Zurita, barrio de Subillera, hija de Saturnino de Argumosa y de Carmen de la Gándara.
De Zurita era precisamente Soledad de la Colina y de la Mora (Condesa de las Forjas de Buelna), perteneciente a una familia con la que los Salas tenían muy estrecha amistad bastante antes de conocerla y hacerla su esposa José Mª Quijano y Fernández-Hontoria. Así es que la dinastía de los Salas de Los Corrales de Buelna y el nexo de la misma con la empresa que fundara en 1873 el ilustre corraliego Quijano es bastante anterior a esta fecha y al propio matrimonio del fundador.
Domingo Salas Cianca fue el primer director técnico que tuvo las Forjas de Buelna desde el propio momento en que echó a andar en un molino harinero con cuatro máquinas de puntas (En 1776 un ascendiente del fundador citaba tal molino “de tres ruedas en el sitio del vao de La Aldea”). Terminada su jornada diaria de trabajo de diez horas y media los sábados regresaba andando a las nueve de la noche por la vía del ferrocarril a su casa de Zurita. Y volvía de la misma forma el lunes, saliendo de casa a las tres de la madrugada para llegar a Los Corrales de Buelna antes de las seis de la mañana. Era el herrero, ajustador, herramentista, maquinista, montador, director y pagador.
En aquellos primeros momentos en que accedió ante la insistencia de José Mª Quijano para ponerse al frente de su taller, contaba Los Corrales de Buelna con una población de aproximadamente dos mil habitantes, alojándose durante la semana en una pensión por la que pagaba cinco reales diarios.
Al año siguiente del comienzo de la aventura industrial de Quijano y puesta en marcha de lo que se convertiría en el buque insignia de la industria de la comarca, pasó a ocupar la primera vivienda en Los Corrales de Buelna junto al linde de la fábrica de La Aldea y poco tiempo después sobre un almacén en la portería de la misma.
El rodete del viejo molino harinero del barrio de La Aldea que constituía la fuerza motriz para las cuatro máquinas de puntas aguantó a duras penas tres años, dirigiendo Benjamín Salas en 1876 la construcción y montaje del que habría de sustituirle, de madera de haya que del monte de Collado de Cieza había llevado Lorenzo Limedo, y que corrió a cargo del carpintero Joaquín González Bárcena, que tenía por ayudante a Pedro Polanco.
Como a todo padre una de sus mayores preocupaciones era el porvenir de sus hijos, y a los tres varones, José, Vicente y Benjamín, les enseñó el oficio de mecánicos, que desempeñaron con gran eficacia y serían después responsables de diferentes departamentos de la fábrica.
De la importancia que tuvo Domingo Salas Cianca en la vida de José Mª Quijano Fernández-Hontoria, y el mutuo afecto entre ambos, baste decir que cuando éste se encontraba en el lecho mortuorio (Verano de 1911), mandó llamar a Domingo Salas, “que con otros se encontraba en el portal de la casa de D. José María, y se despidió de él con un abrazo, en una escena llena de patetismo”.
Domingo Salas Cianca fallecería seis años después en su casa de Los Corrales de Buelna, exactamente a las veintidós horas del día veintiuno de septiembre de mil novecientos diecisiete, cuando contaba 71 años de edad y a consecuencia de “reblandecimiento cerebral”, habiendo hecho testamento ante el entonces notario de esta localidad, Angel García de los Salmones. Dejaba cinco hijos (su esposa había fallecido con 61 años a las veinte horas del día dos de abril de mil novecientos doce), Consuelo (43 años), José (42 años), Vicente (40 años), María (34 años) y Benjamín Salas Argumosa ( 26 años).
Desde que tan ilustre vecino de Los Corrales de Buelna vino a este municipio industrial de Cantabria en el siglo XIX el apellido Salas ha ido creciendo en el mismo hasta encontrarse actualmente en la sexta generación, siendo continuadores de su bien hacer en este sector muchos de sus descendientes como excelentes técnicos en sucesivas etapas y distintas denominaciones de la actual “Trefilerías Quijano, S.A.”

2 comentarios:

Un Cantero de Buelna dijo...

Interesante artículo que, una vez más, demuestra que las familias de Los Corrales de Buelna dan lustre y explendor a Cantabria.

Siempre lo he dicho y lo mantengo, el Valle de Buelna es el corazón de Cantabria, sus ancestros lo demuestran. En este caso la Familia Salas, pero el historiador podrá dar fe de mi afirmación mostrando otros ejemplos notables.

El Cantero que comete faltas dijo...

Esplendor es con S nunca con X