15 abril 2014

CANSADOS DE ESTAR CANSADOS

Se puede remediar: respeten las horas de sueño, realicen ejercicio físico moderado y lleven una dieta sana y equilibrada.
La sensación de estar cansados, "hechos polvo" y tener ganas sólo de tumbarse en una cama o un sofá suele ser tan habitual que no siempre le damos la importancia que podría tener.
Son muchas las circunstancias que derivan en dicha sensación; algunas son plenamente justificables y comprensibles, otras no tanto. Tras un intenso ejercicio físico, por ejemplo, o en etapas de sobrecarga laboral o de estudios, exámenes, etc., es lógico sentir la necesidad de reposo. Cuerpo y mente entonces lo piden a gritos.
Es habitual también sentir agobio cuando estamos ante un cúmulo de cosas que debemos hacer y vemos que nos falta tiempo. Todo ello acentúa la sensación de fatiga, que, en ocasiones, se ve agravada por nuestros hábitos diarios poco saludables, como comer deprisa o no dormir lo suficiente.
Cuando se habla de cansancio sin una causa que lo justifique, los médicos suelen sacar a colación la palabra "astenia", un trastorno más complejo consistente en una sensación de debilidad y falta de vitalidad física y mental que se manifiesta antes de iniciar un trabajo, y que convierte a éste en un suplicio, incluso cuando se realizan las tareas más sencillas. Paradójicamente, no aparece tras el esfuerzo realizado. Al parecer, suele hacer acto de presencia entre los 20 y los 50 años, y afecta más a mujeres que a hombres. A veces es síntoma de otras enfermedades, como la depresión o la anemia.
La astenia, sin embargo, difiere del concepto "fatiga", aunque ambos términos se suelen utilizar indistinta y equivocadamente. La fatiga es una sensación de cansancio o agotamiento o la necesidad natural de descansar como consecuencia de un exceso de trabajo, falta de sueño, ejercicios prolongados, preocupación, aburrimiento, etc. Es natural estar cansados después de una actividad intensa, aunque también puede ser fruto de estados ansiosos o depresivos, una enfermedad, por la ingesta de algún medicamento o por ciertos tratamientos médicos. En definitiva, por diversos problemas de salud.
En cualquier caso, quienes se quejan de fatiga generalizada y somnolencia y de tener una gran dificultad para concentrarse en su trabajo -especialmente los estudiantes en épocas de exámenes y en gran medida quienes trabajan ante un ordenador- suelen aducir sentirse como "aturdidos". Algunos afectados, ya sea por astenia o por simple fatiga, refieren también irritabilidad, falta de apetito y disminución de la libido.
Descartar enfermedades
Los médicos recomiendan que si el cansancio es muy acusado y persistente, y no desaparece tras un sueño reparador o un descanso razonable, se debe recurrir a un profesional para hacerse los análisis y revisiones correspondientes a fin de confirmar o descartar cualquier posible anomalía orgánica causante de la fatiga.
De hecho, si la sensación de cansancio se prolonga por espacio de seis meses o más, a pesar de que no se haya diagnosticado enfermedad alguna, ni física ni psicológica que lo explique, es factible entonces empezar a sospechar de que nos enfrentamos ante un posible caso de fatiga crónica, en cuyo caso el médico tomará cartas en el asunto.
Astenia primaveral
De vuelta a la astenia, cabe añadir que si los síntomas coinciden con la llegada de la primavera, se habla entonces más específicamente de "astenia primaveral", un síndrome, dicho sea de paso, muy en entredicho últimamente, pues la fatiga, decaimiento y desmotivación que conlleva no es posible asociarla -de momento- con la primavera, entre otras cosas porque sus efectos se manifiestan a lo largo de todo el año. En cualquier caso, cierto es que tales sensaciones se acentúan en los días primaverales, y quizá se deban más al cambio horario, a los primeros calores que ya se hacen notar, o a los procesos alérgicos que proliferan en la temporada primaveral y estival.
En cualquier caso, ya se trate de fatiga considerada "normal" o astenia, y aunque se hayan descartado males mayores, cuando los síntomas siguen ahí, hay que buscarles remedio y alivio. Sin olvidar que en principio se trata de trastornos de carácter leve y por tanto no hay que alarmarse, este cometido puede ir desde cambiar algunos hábitos, hasta procurarse algún complemento vitamínico y mineral, que es útil en ambas circunstancias.
Los primeros consejos médicos refieren la conveniencia de respetar las horas de sueño, realizar ejercicio físico moderado –los paseos diarios deberían ser obligatorios– y llevar una dieta sana y equilibrada.
El médico evaluará, asimismo, si además de una dieta variada, conviene ayudar al organismo con un aporte extra de vitaminas, minerales, oligoelementos... pues no basta con tomar un café para estar más animado. La asistencia de un profesional es necesaria, ya que una ingesta excesiva de suplementos vitamínicos puede resultar perjudicial y acarrear los efectos contrarios a los que deseamos o esperamos.

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