DÍA MUNDIAL SIN TABACO

En el Día Mundial sin Tabaco, elige no fumar y pide modificar la ley Antitabaco para proteger a la población en general, y a los menores en particular, y que se liberen de humo de tabaco espacios públicos de convivencia común.
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MONUMENTOS DE NUESTRO PUEBLO

Imagen e inscripción de la estela de Lombera, facilitada por José Fco. López Mora.
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LOS CORRALES ESTRENA SU PRIMER PARQUE LIBRE DE MALOS HUMOS

El Ayuntamiento de Los Corrales de Buelna ha aprovechado el Día Mundial sin Tabaco para estrenar el primer parque público libre de humos, por iniciativa del grupo promotor de la Red Cántabra de Centros Sanitarios Sin Humo en la Zona Básica de Salud del Besaya. Los doctores Carmen Toribio, Patricia Malpica y José María Cobo (coordinador del centro de salud de Los Corrales) y la responsable de enfermería, Maite Gutiérrez, visitaron con el alcalde, Luis Ignacio Argumosa, y el concejal de Servicios, José Manuel Martínez, un parque que ya cuenta con cuatro carteles que dejan claras las intenciones de la Red Cántabra y la Corporación, liberar ese parque de las consecuencias nocivas del tabaco para la salud y el medio ambiente.
Carmen Toribio, como portavoz de la red, recordó que "el tabaco produce muchas enfermedades, pero además los cigarrillos contienen muchas sustancias toxicas que contaminan". Por ese motivo, la Organización Mundial de la Salud propone, dijo, "sensibilizar a la población sobre el impacto negativo medioambiental del tabaco, desde su cultivo y producción hasta su distribución, sin olvidar los residuos que genera".
La intención es que la protección del medio ambiente "sea un motivo más para dejar de fumar", apuntó, para explicar que una colilla puede llegar a contaminar 50 litros de agua dulce.
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LOS CORRALES SUFRE UN "GRAVE PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA" POR LA PLAGA DE PALOMAS

Los Corrales de Buelna está inmerso en un "grave problema de salud pública" debido a la gran colonia de palomas que se ha ido extendiendo por el casco urbano hasta convertirse en una plaga peligrosa, especialmente por la enfermedad de la mayor parte de los ejemplares. La Concejalía de Servicios Municipales que dirige José Manuel Martínez ha contratado a una empresa especializada, NaturGuard, pero aun así será difícil poder atajar un problema "sobre el que nada se había hecho hasta ahora", dijo el concejal.
Manuel Pérez, responsable de la empresa, especializada en control de población de distintas especies, asegura que tras los primeros seis meses de campaña aún quedan unas 3.000 palomas, pero dada su alta capacidad de reproducción se van a multiplicar durante el verano. Y advierte de que el control realizado sobre algunas de las capturadas ha demostrado que "están muy enfermas" y pueden terminar provocando contagios en lugares concurridos.
En esos seis meses de campaña de control de las palomas en Los Corrales de Buelna se han capturado 400 ejemplares y se han retirado 80 huevos, pero Manuel Pérez se lamenta de que se ha tenido que parar esa campaña por problemas burocráticos, con lo que se han retirado las trampas que se colocan "en la época de mayor cría". Insiste en que en el casco urbano hay un "un problema muy grave de zoonosis por la plaga de población de palomas". En algunos lugares, añade, se ha encontrado una acumulación de excrementos de casi 20 centímetros, proliferando chinches, pulgas, "un problema de salud pública que si no se controla provocará al Ayuntamiento más de un quebradero de cabeza".
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LOS CORRALES HABILITARÁ EN EL POLÍGONO DE BARROS UN APARCAMIENTO PARA CAMIONES

La Concejalía de Obras y Urbanismo del Ayuntamiento de Los Corrales de Buelna prepara lo que será un amplio aparcamiento para grandes transportes en el polígono industrial de Barros, un proyecto que ya cuenta con la financiación necesaria, 400.000 euros procedentes del remanente de tesorería del año pasado.
Una nueva área para camiones que supondrá tranquilizar los ánimos de unos transportistas que se quejaban hace unos días de la falta de seguridad en ese polígono industrial. El proyecto está aún en redacción pero incluiría la pavimentación del terreno, el vallado perimetral completo, un único punto de entrada y salida, suficiente alumbrado y, en su caso, se maneja también un sistema de vídeo vigilancia.
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TITULARES DE PRENSA DEL MARTES 31/05/2022

SANTORAL
Visitación de la Virgen María, Petronila, Cancio, Lupicino, Amelia y Avelina.

FARMACIAS DE GUARDIA
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HORÓSCOPO PARA HOY
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OBITUARIO
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AGENDA DE NOTICIAS
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PREDICCIONES METEOROLÓGICAS
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TAL DÍA COMO HOY …
Hace 1 año (31/05/2021): SALUDO / TITULARES / REFLEXIÓN / HUMOR / LA SALLE / CAPELI / NOTICIARIO / SALUD / DESPEDIDA
Hace 3 años (31/05/2019): SALUDO / TITULARES / REFLEXIÓN / HUMOR / ARGAYO / MADRID / NISSAN / DESPEDIDA
Hace 5 años (31/05/2017): SALUDO / TITULARES / CARTA / HUMOR / HUMOR / DESPEDIDA
Hace 12 años (31/05/2010): CARTA / HUMOR / PREGUNTA
Hace 15 años (31/05/2007): ELECCIONES 

MONUMENTOS DE NUESTRO PUEBLO

Imagen de la locomotora situada en el polígono de Barros, facilitada por José Fco. López Mora.
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AMIGOS EN FUENTE DÉ

Imagen facilitada por José Antonio López "Locomotoro" (en el centro), escoltado por los hermanos Salas, Benjamín y José

TITULARES DE PRENSA DEL LUNES 30/05/2022

SANTORAL
Fernando, Félix I, Sico, Gabino, Palatino, Basilio, Juana de Arco, Emelia.

FARMACIAS DE GUARDIA
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TAL DÍA COMO HOY …
Hace 1 año (30/05/2021): SALUDO / TITULARES / REFLEXIÓN / HUMOR / BICI / DESPEDIDA
Hace 3 años (30/05/2019): SALUDO / TITULARES / REFLEXIÓN / HUMOR / POEMA / CARTA / ARGAYO / DESPEDIDA
Hace 5 años (30/05/2017): SALUDO / TITULARES / REFLEXIÓN / HUMOR / AECC / DESPEDIDA
Hace 12 años (30/05/2010): TITULARES / INTROMISIÓN
Hace 15 años (30/05/2007): TITULARES / BULO / SALUD

EL BARRIO SAN JUAN BAUTISTA O EL “BARRIO DE LOS MILLONARIOS”

En ocasiones, cuando nos encontramos algunos de los vecinos, con los que estuvimos viviendo en el barrio de San Juan Bautista durante nuestra infancia y juventud, comentamos, cómo ha cambiado “nuestro barrio”. Puede parecer pretencioso hablar de “nuestro barrio”, pero lo cierto es que nosotros lo sentimos así. De hecho, muy poco se conserva de todo lo que nosotros conocimos. Nos acordamos de aquellas huertas que nos nutrían de alimentos básicos, al igual que los gallineros con sus gallinas y conejos. Ahora, nos encontramos garajes para los coches y jardines para pasar las tardes de sol; han desaparecido las escaleras de madera por las que subíamos al balcón que daba acceso a la casa. Ahora hay escaleras y balcones de cemento y, en ocasiones, galerías cerradas con materiales de aluminio o PVC. Por otro lado, la separación de las fincas estaba delimitada por alambres con pinchos que se sujetaban a las estacas de cemento, y si era posible, no siempre se conseguía, evitar que los chiquillos entráramos a coger las manzanas o las calabazas, unas para comer, otras para jugar. Ahora solo existen muros de bloques de cemento. En fin, todo ha cambiado, ya no se puede correr, ya no se puede jugar a la peonza, ni al escondite, ni incluso jugar al futbol, y todo ello en la calle. Ahora solo nos encontramos coches, que entran y salen en todas las direcciones.
Este era el barrio que todos nosotros y los vecinos del municipio conocíamos como Barrio de Los Millonarios, aunque oficialmente su nombre es Barrio San Juan Bautista. Vaya nombre, nunca me sentí rodeado de “millonarios”. Nuestros padres eran obreros en la “fábrica”, ya sabemos de “Quijano”; nuestras madres, trabajaban en la casa, en el huerto, iban al monte, no de romería sino a coger castañas y leña para la “lumbre”; y nosotros, los críos, ¿”millonarios”? no, éramos felices, jugando a las canicas, aunque fueran las de barro, jugábamos a los bolos, construidos con botes de lata y bolas de piedra, en aquella bolera situada en la cambera al lado del monte, -es curioso, cuando Juan José Crespo fue invitado a colaborar en el programa del XXXVII Campeonato de España de Primera Categoría de Peñas por Parejas escribía lo siguiente: ”de haber jugado con morillos prestos a derribar botes de tomate”. Es evidente que Juan José fue vecino de nuestro barrio y participó de nuestros juegos, jugando a la comba o al escondite. Y en esto participábamos chicos y chicas. Las travesuras eran habituales, independientemente del sexo al que se pertenecía.
Pero nuestros recuerdos, se quedarán en el olvido, cada vez son menos los que quedan de aquellas personas que accedieron por primera vez al barrio de San Juan Bautista en el mes de noviembre de 1952. De los primeros habitantes del barrio muy pocos quedan, como Nando, Mercedes o Julia. Los años no pasan en balde. Los niños que jugaban por el barrio, poco a poco se fueron marchando. Los motivos fueron diferentes, unos por estudios, otros por trabajo y con el tiempo formaron nuevas familias, que fueron a vivir a otras zonas del pueblo o se desplazaron a otras localidades o provincias. Muchos emigraron al extranjero, fundamentalmente Europa, pero también hubo quienes se marcharon a trabajar al continente americano. Algunos, años después regresaron al barrio o al pueblo, como es el caso de Toñín, el hijo de Francisco “El Pescador”, Rafa o Conchi; otros en cambio prefirieron seguir residiendo en su nuevo país de adopción, tal como sucedió con Ginio, el hijo del “Maqui” o la hermana de Rafa, que sigue viviendo en Alemania.
Las viviendas del barrio han ido pasando a ser propiedad de otras personas, en ocasiones familiares, hijos o nietos, de los antiguos propietarios. Estos nuevos propietarios irán acumulando nuevos recuerdos, pero no serán los mismos que los que nosotros tenemos. Por ello vamos a tratar de recordar cómo era nuestro barrio, cómo se construyó, nuestra forma de vida, en definitiva, dejar constancia de la “pequeña historia” del barrio de San Juan Bautista o como habitualmente le denominábamos todos, el Barrio de Los Millonarios.
Es cierto, que muchas de las cosas de las que vamos a dejar constancia, son fruto de los recuerdos aportados por personas que han vivido en el barrio o recuerdos de lo que sus padres les contaron. Pero también, hemos tenido otras fuentes, como las informaciones periodísticas en las que se hacen referencias a nuestro barrio. En este punto, el Ayuntamiento guarda las recopilaciones que llevó a cabo Don Lucio “Capeli”. Estas nos permitirán acceder a las noticias que sobre el barrio van a ir apareciendo a lo largo de los años. Allí, nos encontraremos con referencias al río Muriago que atraviesa el barrio; también con la influencia que tuvo para el barrio, la construcción de la Autovía A-67, que supuso la desaparición de varias viviendas. Al lado de esas casas, pasaba la cambera de Gallegos, y ahora, cambera y casas se han convertido en zona de paseo de vecinos con sus perros y también jóvenes que aprovechan para charlar, para echarse un cigarrillo y por qué no, practicar el “botellón”. Nosotros lo hacíamos en la cambera. De hecho, fue allí donde, además de jugar, procedíamos a echar nuestras primeras bocanadas de humo, de tabaco como los Celtas, los cigarrillos caldo “Ideales”, tabaco barato, destrozador de pulmones, pero muy apreciados por nosotros en esos momento de iniciación.
Hay otras muchas más fuentes a lo que ha sucedido en nuestro barrio, como los programas de las Fiestas de San Juan, la Revista Comunidad en Marcha y otras más que se editaron en el Municipio. Pero para conocer datos sobre la construcción del barrio, el número de viviendas, el lugar donde se ubican, los distintos tipos de viviendas, es necesario adentrarnos en las Actas municipales y por suerte, a la conservación que mi padre hizo de las cuestiones relacionadas con la casa, como planos, cartas enviadas a los propietarios y escritos de su vida.
A partir aquí vamos a tratar de acercarnos a la “historia de nuestro barrio de Los Millonarios”
Seguiremos adentrándonos en nuestro barrio, poco a poco, según vayan llegándonos información y recuerdos de nuestra infancia y juventud.
José Francisco López Mora

TITULARES DE PRENSA DEL DOMINGO 29/05/2022

SANTORAL
Félix, Justo, Maximino, Gencio y Teodosia.

FARMACIAS DE GUARDIA
FARMACIA CATIVIELA – JAVIER BARCENA - C/ Hermanos Salas, 1 (Hasta las 16 horas del sábado 04 de junio)

BOC (Boletín Oficial de Cantabria)
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HORÓSCOPO PARA HOY
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OBITUARIO
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AGENDA DE NOTICIAS
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PREDICCIONES METEOROLÓGICAS
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TAL DÍA COMO HOY …
Hace 1 año (29/05/2021): SALUDO / TITULARES / REFLEXIÓN / HUMOR / EXCURSIÓN / DESPEDIDA
Hace 3 años (29/05/2019): SALUDO / TITULARES / REFLEXIÓN / HUMOR / ARGAYO / DESPEDIDA
Hace 5 años (29/05/2017): SALUDO / TITULARES / REFLEXIÓN / HUMOR / HOMENAJE / DESPEDIDA
Hace 10 años (29/05/2012): TITULARES 
Hace 12 años (29/05/2010): TITULARES / CARTA / DEMOCRACIA
Hace 15 años (29/05/2007): SAN FELICES

LA INICIATIVA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL BARRIO SAN JUAN BAUTISTA

La consolidación de la fábrica de Forjas de Buelna, bajo la dirección de José María Quijano, trajo consigo el aumento de producción, que lógicamente fue acompañada de la demanda de mano de obra. Esta mano de obra no era cubierta por la población del pueblo, y eso hizo necesario recurrir a los pueblos del municipio, así como a otros municipios aledaños e incluso de fuera de la provincia.
Esta llegada de población, así como el incremento de matrimonios, por la independencia económica de los trabajadores, hizo que aumentara la demanda de construcción de casas. La empresa no era ajena a tal problema y comienza a construir casas para sus trabajadores en distintas zonas del pueblo, pero cercanas a la fábrica, tratando así de reducir el tiempo de desplazamiento desde la casa al puesto de trabajo.
Así surgieron barrios como La Aldea, La Hoya o Lombera en el pueblo de Los Corrales. Barrios todos ellos construidos por la propia empresa para sus operarios. Siempre cerca de la fábrica, ocupando antiguas tierras de cultivo o zonas de pasto para el ganado de los vecinos, principal fuente de trabajo para hombres y mujeres. Los distintos barrios presentan diferencias en su construcción en altura, número de viviendas, etc. Pero todas ellas tienen en común, un huerto y un gallinero.
El problema de la carencia de vivienda se fue atajando a través de la intervención de la fábrica. La demanda va creciendo, lo que incide en la necesidad de aumentar la producción y el aumento de plantilla. Se comenzaba a trabajar desde muy jóvenes. Mi padre nos contaba que, entró a trabajar en la fábrica a los 14 años, de hecho sus amigos también entraron muy pronto. Parece que esto era lo habitual, para los jóvenes del pueblo en esta época. Esto les permitió, después de la guerra, ayudar a los padres y, posteriormente independizarse a edad muy temprana y crear una nueva familia. Lo que se traduce, como decimos, en la demanda de nuevas viviendas. La fábrica va a seguir apoyando la construcción de las mismas, pero cambiando el sistema. Hasta ahora la fábrica era la que había llevado a cabo la construcción de las viviendas, pero ahora, esto va a estar en manos de cooperativas de empleados y obreros de la fábrica. Este va a ser el caso de nuestro barrio, el de San Juan Bautista.
Así en el mes de marzo de 1951, se aprueban los Estatutos de la “Constructora de los Empleados y Obreros de las Forjas de Buelna”. Entidad Constructora Benéfica. Su objetivo, es establecer las bases para facilitar la construcción de nuevas viviendas para los trabajadores de la fábrica, pero ya no aportando el dinero, sino que sean los propios obreros los que financien su construcción, mediante una aportación monetaria establecida durante varios años. Lógicamente, para pertenecer a dicha Constructora era necesario trabajar en la fábrica. Estos Estatutos están compuestos por 10 Capítulos y 47 artículos. Todos ellos, tratan de fijar los fines de la Constructora, los medios de obtener recursos, quienes pueden ser los beneficiarios, etc. En definitiva, el objetivo es conseguir dotar de vivienda a los participantes. En todo caso, todos los beneficiados deben de seguir unas pautas, que en estos momentos nos pueden parecer fuera de lugar, pero que en aquellos momentos debía de ser habitual. Así en el artículo 19. a), se habla de que pueden quedar fuera de la asociación “por observar una conducta inmoral o deshonrosa”. En el artículo 27 se establece que “se constituirá una Junta de vecinos elegidos por los beneficiarios, para procurar la observancia de las normas establecidas por el Patronato, para salvaguardar las buenas costumbres y la higiene y decoro de las casas y lugares públicos”.
El nombre de la constructora pasa, posteriormente a denominarse “Constructora de San Juan Bautista”. Nombre que va a recibir el barrio, una vez que se inicie la construcción del grupo de casas. Todos los participantes en dicha constructora, debieron de recibir una copia de estos estatutos. Al menos yo he tenido el acceso a los mismos, pues a mi padre, le gustaba conservar las cosas.
Los Estatutos se firman en Madrid, por el Jefe de la Secretaria del Instituto Nacional de la Vivienda, el señor J. Rebollo, el 6 de marzo de 1951, y pocos meses después se inicia el proceso de construcción de dichas viviendas.
Posiblemente, ya tendrían comprada la finca donde se iban a construir las casas. Parece que ya no era fácil encontrar tierras en las que construir nuevas viviendas en las cercanías de la fábrica. Estaban los barrios de la Aldea, La Hoya y Lombera. Pegadas a las distintas “portillas” de acceso a la fábrica lo que facilitaba el acceso a los puestos de trabajo. El nuevo barrio, se va a construir en una de las zonas más alejadas y aisladas del pueblo. Va a ser en la mies o sitio de Pendio. Siempre consideré que Pendio, hacía referencia a las tres casas adosadas que existían y que actualmente siguen existiendo en la zona. Siempre nos referíamos a ellas como “las casas de Pendio”, a las que se iba, a partir de una cambera, que se iniciaba en la casa de los Salas, continuando por la casa de Martinón, encontrándonos acto seguido, con la finca y la mansión de Mazarrasa, con las alta paredes, con elevados arbustos, con importantes árboles de castaños americanos, aquellos que daban unas castañas no comestibles, pero que nos permitían construir nuestras famosas “pipas” para fumar. Siguiendo la cambera, la pared y los grandes árboles llegábamos a las casas de Pendio. Esa enorme pared, actualmente ha desaparecido, y de los castaños de Indias, solo quedan los enormes troncos que allí se conservan.
Pero no, Pendio no es sólo esa zona. Pendio es una amplia mies que abarcaba desde la zona que hoy ocupa el antiguo garaje Nisio, donde anteriormente nos encontramos a mano izquierda un prado y a mano derecha el almacén de materiales de construcción de Felipe Peñil. Al Oeste, se extendía hasta el monte Fresneda, una vez atravesado el río Muriago, y hacia el Norte, hasta carretera que subía a Collado, pasando por la fuente de “La Cachucha” y posteriormente por Lobado. Dentro de esta mies o “sitio”, como se indica en las Actas municipales, se encontraba la finca Gallegos. Este sería el lugar donde se llevaría a cabo la construcción del nuevo barrio. Era un lugar aislado del pueblo con un solo acceso a través de un camino, que nos permitía llegar a la carretera nacional. A partir de este punto hacia la izquierda íbamos al centro del pueblo, hacia la derecha llegábamos al “cruce” y de aquí continuábamos hacia Somahoz o, girando a la izquierda, nos adentrábamos en la Avenida José María Quijano. No podemos olvidar que a la salida del barrio, sino girábamos a la izquierda o la derecha, pasando la carretera nos podíamos adentrar en el “Callejón”, ahora calle La Viña, que nos permitía desplazarnos a La Rasilla, o al Colegio de La Salle. A grandes rasgos este era el lugar donde se va a construir el nuevo barrio.
El día 18 de junio de 1951, se publicó en la prensa, que se había llevado a cabo la bendición de la primera piedra del grupo de 104 viviendas (es curioso se habla de 104 viviendas, cuando en realidad solo se van a construir 76): “En la mañana del martes, a las once, tuvo lugar la bendición y colocación de la primera piedra de un grupo de viviendas que por mediación de la “Constructora Benéfica de San Juan Bautista”, de los empleados y obreros de las Forjas de Buelna se llevará a efecto.
Estaban presentes en el acto el señor director de las Forjas de Buelna y presidente de la entidad constructora don Alfonso Álvarez Miranda, D. Fernando Diaz Bustamante, vicepresidentes de la misma y secretario social de Nueva Montaña Quijano, S.A. don Ángel Anivarro y D. Vidal Redondo, alcalde y secretario del Ayuntamiento, don Rafael Mauriz párroco, don Manuel Vela, presidente de la Cooperativa de Empleados y obreros de las Forjas de Buelna, con el pleno de la Junta Rectora; don Javier G. Riancho, arquitecto y autor del proyecto, y don Martin Solaeta, contratista.
La primera piedra fue colocada y bendecida por nuestro párroco, quien así mismo bendijo los amplios terrenos dedicados para esta obra”.
Nota de prensa ésta, que nos permite conocer quienes en su momento estuvieron al frente de la construcción. Así sabemos que, en aquel momento, estaba como director de fábrica así como presidente de entidad constructora es don Alfonso Álvarez Miranda, persona de gran prestigio y que va desempeñar el cargo de Ministro de Industria durante unos 9 meses en 1975. Con el tiempo, se le erigió un monumento en su memoria en la entrada al Polígono de Barros.
También nos permite conocer que en esos momentos estaba como Alcalde del Ayuntamiento don Ángel Anivarro Maló, que ejerció esta función durante dos periodos, uno relativamente corto, de principio de 1940 hasta inicios del 1941, en que pasa a ser primer teniente alcalde. Nuevamente fue nombrado alcalde en el año 1947, dimitiendo por motivos de salud en abril de 1951. Durante su estancia al frente del Ayuntamiento, se inicia al proceso de planificación de las casas de los maestros, la construcción de la nueva iglesia de Somahoz, destruida durante la guerra civil, se envía a la Comisión Superior de Ordenación Urbana el plano de Los Corrales de Buelna y también como vemos, se inicia la construcción del barrio de San Juan Bautista.
Igualmente nos permite conocer que el arquitecto que llevó a cabo los planos del nuevo barrio fue don Javier G. Riancho, persona de gran prestigio en el mundo de la arquitectura.
Por otro lado, podemos saber que quien llevó a cabo la construcción del barrio fue Martin Solaeta, constructor que debía de tener fama, experiencia y recursos como para hacer frente a distintas obras que se llevan en la provincia. Así en el año de 1951 lleva a cabo la realización del almacén de víveres, garaje y granja en el Hogar Provincial Cántabro.


ENTRADA AL BARRIO


La única entrada que tenía el barrio, era a través de la carretera nacional. Si veníamos del centro del pueblo pasábamos las casas del Potro y la casa de Lipe “El Confitero” y seguíamos por la zona de la izquierda, en dirección al “cruce”. Íbamos bordeando la pared de la finca de los Mansillas, pero sin tocarla, dado que, si ahora hay una acera, en su momento solo había una profunda cuneta, que en cuanto llovía se convertía en un fuerte y marrón arroyo que se iniciaba en la finca de la familia Bustamante. Cuando llegábamos al final de la finca de Mansilla, nos encontrábamos con la Calle La Viña, el famoso “Callejón”. Lugar éste, de tristes recuerdos de mi infancia, cuando durante los inviernos, después de salir de “la particular” en casa de Don Gonzalo, tenías que atravesar aquel negro y solitario callejón. Aquello no era correr, era volar. Y qué decir de aquel día que, acompañado de mi padre, oímos unos lamentos que salían de la cuneta que había en el callejón, adosada a la finca de los Mansilla. Lamentos que se fueron haciendo más angustiosos y descubrimos que era de un vecino del barrio que, en la oscuridad de la tarde, había caído a la cuneta. Habría más cosas que contar de este callejón, pero nos alejamos de nuestro objetivo. En todo caso, una vez llegábamos al inicio del callejón, es donde girábamos a la derecha, atravesando la carretera general, y es en este punto donde para nosotros comenzaba el camino al barrio.
Ya, en el otro lado de la carretera, se iniciaba el camino hacia el barrio. A la izquierda de este camino, dónde actualmente está el antiguo Garaje Nisio, lo primero que nos encontrábamos era la “Caseta del Agua”, que nos servía para observar el paso de los coches, algo en aquellos tiempos poco frecuente y menos si eran de matrícula de fuera de la provincia. Aquella caseta, en ocasiones nos permitía ver el paso de la Vuelta ciclista de España. No olvidemos que aquella caseta, tenía un fácil acceso a través de la pared a la que estaba adosada y cuyo techo, estaba formado por una placa de cemento totalmente lisa, que permitía estar tumbado sin correr peligro, dado que la altura no era elevada.
Continuando por la zona de la izquierda, nos encontrábamos una pared que separaba el camino de un prado abandonado, con montículos de piedras e hierbas, y con grandes zarzas, donde se refugiaban pájaros. También era habitual en esa zona ver a las ovejas de Pepe, “El cojo” -se le decía “cojo”, porque era una persona que había estado combatiendo en Rusia con la División Azul, y en uno de los combates perdió la pierna- pastando libremente sin que nadie las molestara; pero a nosotros nos estaba totalmente prohibido entrar en la zona. Siempre nos decían que era peligroso, que no se nos ocurriera entrar. Nos lo prohibían, pero en ocasiones, exponiéndonos a la correspondiente bronca, nos atrevíamos a pasar. Si las ovejas estaban allí, ¿porque no podíamos estar nosotros? Con el tiempo, y puedo decir que hace muy poco, tuve conocimiento del porqué de la prohibición.
Durante mucho tiempo en este lugar estuvo situado el garaje de Baldomero, que puso en funcionamiento el autobús que ponía en contacto Los Corrales con Torrelavega. Durante la Guerra Civil, el primer año, Los Corrales estuvo con el Gobierno de la República. Pero el frente del Norte va cayendo poco a poco, primero Bilbao y a continuación le toca a Santander. Muchas personas de Bilbao, se desplazaron hacia el Oeste huyendo de los Nacionales y algunos fueron acogidos en casas de los vecinos de Los Corrales. Nunca lo supe, pero leyendo cosas de mi padre, hay referencias de que en casa de mis abuelos, Antonia y Doroteo, estuvieron acogidos un matrimonio vasco. La situación va cambiando en la provincia de Santander, y los Nacionales inician, desde la zona del Escudo, siguiendo varias líneas de confrontación, la conquista de Santander capital.
Bien, parece que los defensores de la República dentro del pueblo, ven que las cosas no van por buen camino. Cada vez son más conscientes de que la situación se les va de las manos. En un momento determinado, el garaje de Baldomero se ha convertido en un polvorín, donde se había almacenado gran cantidad de explosivos. Parece ser que, ante una situación que se está volviendo en contra de sus intereses, algunos de los partidarios de la Republica, intentan utilizar esos explosivos para ponerlos en la fábrica y en la Iglesia, aunque esto último no es tan claro. El objetivo sería destruir la fábrica. Alguien, al parecer del bando republicano, tuvo conocimiento del asunto y decidió provocar la explosión del polvorín antes de que se destruyera la fábrica, fuente de riqueza del pueblo durante mucho tiempo.
Ese era el motivo del miedo que tenían nuestros padres de que anduviéramos jugando en dicha zona, era posible que quedaran restos de bombas sin explotar. Pero lo cierto es, que ninguna oveja de Pepe pisó ninguna bomba o algo parecido y, cuando años más tarde se construyó el garaje Nisio y los pisos situados en la zona superior, no se encontró nada. Pero para nosotros, siempre fue una fuente de temor y de deseo de saber por qué no podíamos saltar aquella pared.
Terminada la pared, nos encontramos a la izquierda un camino, que nos permitía llegar a las “casas de Pendio”. Pero seguiremos nuestro camino al frente, y nos encontraremos con la casa de Benjamín Salas, “Minuco”, casa que se construyó más tarde, pero jugó su papel en el entorno del barrio. Casa de piedra, de gran tamaño, con un prado enorme, que en algunos momentos jugó un papel comercial. Y donde vivieron tres chavales que fueron un referente a nivel deportivo y estudiantil. Nos referimos a José, Benjamín y Eduardo. Hablaremos de ellos con el tiempo.
A continuación de la finca de Salas, nos encontramos con el muro que daba acceso al barrio propiamente. Pero también, estaba la finca de Celedonio y Milia. Finca de gran tamaño y en la que, con el tiempo se construyeron las casas de sus hijos, Luci, casada con Agustín, que tienen un hijo Agustín, que jugó un papel importante en nuestro juegos de infancia; Agustín Pérez, para nosotros “Tinín”, al que acompañábamos a pescar al Muriago. Tinín estaba casado con Matilde Vicario, conocida en el barrio como “Curra”. Es curioso, a mí me ponía de los nervios que mi madre me mandase que fuese a casa de Curra a llevarle o decirle cualquier cosa, no por miedo, sino por pánico. Era incapaz de pronunciar las dos rr, lo cual provocaba que la llamase “Cura”. Absoluto bochorno. Tinín y Curra tuvieron dos hijos Maricarmen, como la llamábamos todos y Javi, cazador aficionado a la becada. Por último, estaba José María Pérez, a quien tuve la suerte que fuera para mí, y para más vecinos del barrio, el maestro de taller en la Escuela de Aprendices de La Salle. Además José María era un aficionado a la pesca de la trucha, pero siempre con la observancia de la ley, pesca con caña y mejor si era con cucharilla y en el Besaya. También era una persona que disfrutaba de los pájaros. Cuánto nos gustaba que nos dejara ver los pájaros que tenía en una gran jaula, situada en el gallinero. José María se casó con Marisa Rubiera, que provenía de la zona de Palencia. Ambos tuvieron dos hijos, Juan Carlos, para todos “Carlos” y María José. Por último, estaba Natividad Pérez, todos la llamábamos “Nati”, para mí una persona entrañable. Trabajaba en el cine Buenos Aires, como taquillera. De ella hablo con cariño en “Los cines de nuestro municipio”
Si nos fijamos, en lo que nos encontrábamos a mano derecha desde la carretera nacional, hasta la entrada del barrio, parece ser que no había nada construido, salvo una pared, que en mis años de infancia parecía estaba casi destruida. Con el paso del tiempo, aquí se construyó el almacén de Peñil, pues así se deduce del acta de 1960. Posteriormente se construyó en esta zona la casa de Lipe “El Mancebo”, que trabajaba en la farmacia de Pepito Pereda. Lipe vivió allí con su familia, pero falleció y su familia siguió viviendo, hasta que decidieron marcharse y vender la casa a José Manuel Arozamena, que es quien actualmente reside en ella con su esposa.
Entre la casa de José Manuel y el almacén de Peñil, posteriormente se construyó otra casa de dos plantas, ocupada por Jesús Palacios, su esposa Maria del Carmen González, y su hijo Adolfo. Qué podríamos decir de Jesús Palacios. Era una persona extraordinaria, con conocimientos culturales muy elevados. Le gustaba la música, la pintura, colaboraba en las obras de teatro que se gestaban por la juventud del pueblo y siempre como abanderado de los premios de pintura que se realizaban en las fiestas de San Juan. Una persona, siempre dispuesta a charlar sobre cosas como el arte paleolítico, en lo que yo trataba de especializarme o el arte que mi amigo Raúl estudiaba y practicaba en Madrid. Para mí una persona extraordinaria. Posteriormente, la casa fue comprada por Mendicuchía, que trabajaba en la fábrica, y que jugó su papel en la vida política de nuestro pueblo. Formó parte de las Corporación municipal, en varias legislaturas a través del partido de Falange.
Los recuerdos de esta zona, no los tengo claros en cuanto al momento de su transformación, pero hay una cosa de la que sí me acuerdo, por la impresión que me causó. Iba un día a clase después de comer, iba con otros amigos jugando y al pasar por la zona donde se iba a construir la casa de Palacios, había una pared derruida, con zarzas, y de pronto observé la presencia de una lagartija, el ver una lagartija era algo habitual, juagábamos con ellas, trataban de huir, cosa que muchas veces lo conseguían desprendiéndose de su cola. Este era su sistema de escape, pero con el tiempo iban recuperando su cola. Esto lo hemos visto en muchas ocasiones. Pero lo que yo vi en ese momento no lo he vuelto a ver nunca más, una lagartija con dos colas. La había perdido y posteriormente se fue recuperando, le habían salido dos colas, formado una “y”. Es cierto, en ocasiones, cuando veo una lagartija me acuerdo de aquella que, “saliendo del barrio vi una con dos colas”. También es cierto que nunca he vuelto a ver ninguna con estas características. Pero la vi.
Pero volvamos a centrarnos en el barrio. A partir de la zona donde estaba la casa del “Mancebo”, nos encontrábamos con un enorme “prao”, que para nosotros va a tener una gran importancia, dado que va a ser nuestro campo de fútbol, de juego al balontiro, lugar para coger grillos, moras. También practicábamos el atletismo, lo cual era habitual, cuando veíamos aparecer al arrendatario del mismo por la entrada y había que ponerse a correr y saltar la pared. Aquello era practicar los cien metros lisos y el salto de altura, para saltar la pared y llegar a las filas del barrio donde conseguíamos escondernos y dejar pasar el tiempo. Este “prao”, estaba delimitado por paredes de piedra de media altura, con algunos árboles y con sus correspondientes zarzas, entre las que podíamos observar que servían de refugio de las lagartijas, de los caracoles con los que jugábamos, y que algunos recolectaban para comer; también estaban allí las telarañas con sus bonitas arañas, a la espera de que alguna mosca o algo parecido quedara atrapada, convirtiéndose en alimento de las mismas. Aunque tampoco podemos olvidarnos, que estas paredes y sus zarzas eran fuente de alimento y de refugio para los pájaros que todos conocíamos bien como el gorrión, el tordo, el malvís o el jilguero. Pájaros muchos de ellos, apreciados por nosotros por su maravilloso canto, aunque eso tampoco les salvaba de nuestro tiragomas o de la escopeta de perdigones. Y no podía faltar la presencia de alguna culebra. Había espacio para todos.
En todo caso este “prao”, que pegaba al camino de entrada al barrio, desde la actual casa de José Manuel, hasta la puerta de acceso a la finca de la familia de Celedonio, estaba cerrada mediante unas alambradas, sujetas a unas estacas de madera y de cemento de forma cuadrada. Normalmente, eran tres filas de alambres con púas. Pues había que impedir que los animales se escaparan y que los chavales del barrio entrasen. También había uno o dos árboles y algún bardal.


DELIMITACIÓN DEL BARRIO O PRADO GALLEGOS

A la entrada al prado Gallegos, hubo en su momento una verja que se abría para entrar en el prado. Durante mucho tiempo, en la entrada a la finca de Celedonio y Emilia, había un muro en el que estaba sujeta dicha verja. Con el tiempo verja y muro desaparecieron. Si nos adentrábamos en lo que va a ser el lugar donde se construirá el barrio. Hacia el sur, había un amplio número de “praos”, todos delimitados por paredes de piedra. Había dos formas de acceso a los mismos. Uno siguiendo la cambera que, partiendo de la casa de “Minuco”, iba hasta más allá de las casas de Pendio. El otro, se encontraba en la pared situada en las cercanías de lo que va a ser la casa nº 5, perteneciente a Horacio. Aquí había una entrada, que permitía pasar a las distintas fincas y también a Pendio. La pared, se iba extendiendo hacia el Oeste, llegando hasta el río Muriago. Cruzado éste, el muro delimitaba el frente sur de la finca de Pilar “La Viuda” y terminaba en la cambera.
Pues bien, todo este trayecto, al que nos referíamos como la “fila primera”, estaba delimitada al Sur por una pared de piedra, a cuyo lado tenía una cuneta que nos conducía hasta el río Muriago. En invierno, con la lluvia y las crecidas del río, esta cuneta se cubría de agua, ésta no se dirigía hacia el rio Muriago, sino que a través de la cuneta iba en dirección contraria. En esta cuneta y con el agua corriendo, jugábamos a los barcos, hechos mediante un simple palo o láminas de papel. Los soltábamos en la zona más al Oeste, por donde vivía nuestro amigo Raúl, Bringas, Carlos y todos los demás. Se trataba de ver que nuestro “barco” llegara el primero, pero evitando, por todos los medios, que no se adentrara por la alcantarilla que había a la altura de la finca de Celedonio. Hay que tener en cuenta, que la finca de Celedonio, tenía una cuneta que delimitaba con las fincas situadas al Oeste, -ahora en esas fincas están las casas de Rafa y Tori, de Ángel “El Pilaro” y Ana, de Santiago y Esperanza y la de Juan y Paquita, además de la casa de Miguel y Tere - y que la atravesaba de Sur a Norte y que cuando llovía permitía, que las aguas que salían de la finca de Mazarrasa, atravesaran el camino de Pendio y penetrara en la finca. A partir de aquí, siguiendo dicha cuneta, se dirigía al Norte confluyendo con el agua canalizada en la cuneta que venía de la zona Oeste. Bien, nuestro objetivo era que nuestro “barco” llegará el primero, pero que no fuera volcado ni arrastrado por la confluencia de las aguas de las dos cunetas. El agua, a partir de aquí, continuaba en dirección Norte a través de una alcantarilla, formada por tubos de cemento. En muchas ocasiones nuestros “barcos” se adentraban en las profundidades de la alcantarilla. En verano, esa alcantarilla nos servía para demostrar nuestra valentía adentrándonos por ella, agachados y guiados por una vela para ver quién iba más lejos. La verdad es que yo, me quedaba cerca.
Si nos situamos en la zona de entrada a finca de Celedonio, si en vez de continuar hacia el Oeste, giramos hacia el Norte, nos adentramos en una de las calles principales en la que desembocan todas las que existen en el barrio, esta calle recibirá con el tiempo el nombre de Calle General Primo de Rivera. Desde el principio, al final de la calle y a su derecha, había una pared de piedra que separaba el camino de las fincas. La primera que nos encontrábamos, era la alquilada a Angelín Cobo, en la que nosotros procurábamos jugar sin que nos pillara. Esta era una finca que se iniciaba en la zona de la actual casa de José Manuel Arozamena hasta la entrada del barrio y que girando a la derecha nos trasladaba al final de barrio a la casa de Manuel y Sarito. Hacia la altura de la casa de Nel y Pepita, teníamos el arranque de una pared que en dirección Este, delimitaba toda la finca, de forma cuadrangular y que jugó un papel muy importante en nuestros años de juventud por motivos varios. Continuando por la carretera, nos encontrábamos con la finca de la Condesa, separada de la anterior mediante otra pared de piedra que llegaba hasta la carretera general. La finca de La Condesa era llevada en arriendo por Pepe “El Pasiego”. Esta era una finca enorme, llegaba hasta la Carretera Nacional, y hasta la carretera a Lobado y Collado. El río Muriago la atravesaba, pasando por el conocido garaje Maquea. Esta era una finca muy atractiva para nosotros, por el peligro que suponía. Siempre buscábamos entrar en ella sin que “El Pasiego” se diese cuenta. Si sucedía, comenzaban los gritos y el señor corriendo tras nosotros, que saltábamos la pared, adentrándonos por las filas del barrio. Y que no tuviéramos la mala suerte de que jugando en la calle con el balón, se cayese dentro de la finca. Pues, en ocasiones el balón aparecía en cercanías de la pared atravesado por un palo clavado en el suelo. Era un buen aviso, pero siempre estábamos con el toma y daca. También entrabamos en la finca a cogerle alguna “panoja”.
Cuando llegábamos al final de la huerta de Tivo, la pared giraba hacia el Oeste atravesando el río Muriago, y delimitando la finca de Socorro, última casa del barrio, y terminábamos, nuevamente en nuestra “cambera” como así la conocíamos, pero cuyo nombre oficial era la “cambera Gallegos”. Ésta separaba el barrio del monte de Fresneda, monte este que, igualmente, jugó un enorme papel en nuestra infancia. La cambera nos permitía ir un poco más arriba del garaje Maquea en dirección sur, pasando por detrás de la casa de Socorro, hasta llegar a la parte trasera de la casa de Pilar “La Viuda”, aunque continuaba hacia el sur, bordeando el “prao” del Cojo, con el que había que tener cuidado, pues hay que decir, que en muchas ocasiones, nos deslizábamos por su “prao” en cuesta con unos plásticos, dejándole la hierba en condiciones nada fáciles de segar. Además, tenía unos buenos castaños, atractivos en el momento de maduración de las castañas. En esa época era habitual el desplazamiento al “prao” e iniciar la recogida de castañas, todo ello acompañados de los chillidos del “Cojo”. En esos momentos, había que salir corriendo.




TIPOS DE VIVIENDAS EN EL BARRIO

Una vez delimitado el espacio donde se iba crear el nuevo barrio del pueblo, nos centraremos, en las casas que lo componen. El barrio estaba formado por 76, casas agrupadas en tres tipos de bloques. Aunque también es cierto, que debido a su tamaño, incluida la vivienda y la huerta, hubo cinco modelos diferentes, como se deduce de la cuota de dinero que tienen que pagar mensualmente, para hacer frente al coste total de la propiedad.
En todo caso, si nos atenemos al tipo de bloque y el número de viviendas que existe en cada uno de ellos, nos encontraremos con tres tipos: bloques de dos casas, bloques de ocho casas y, el más abundante, los bloques de cuatro viviendas.
Bloques de dos viviendas. Son en total seis bloques distribuidos entre los dos bloques que se encuentran a la entrada del barrio, y otros cuatro, que se situaban en la zona Oeste del barrio, en el espacio situado entre el río Muriago y la cambera Gallegos.
Estos bloques de dos viviendas, tienen elementos comunes dado que son los que más metros cuadrados tienen, y van a ser destinados a familias más numerosas. Pero también, hay diferencia entre ellas. Así los dos bloques situados a la entrada del barrio, tienen la puerta de acceso al interior de la vivienda en la fachada orientada al Este; en cambio las situadas entre el río y la cambera, la puerta está orientada en unas al Sur y en otras al Norte. Igualmente, todos estos bloques solo tienen una altura con su correspondiente desván, cosa que no sucede en los demás bloques. En definitiva, nos encontramos con seis bloques y 12 viviendas en conjunto, habitadas todas ellas por familias numerosas.
Los dos primeros bloques, son los que van a llevar los cuatro primeros números del barrio, que servirán de indicativo para referencias municipales o de correos. Así la número 1 corresponderá a la vivienda situada más al Norte, habitada por Francisco y familia; la número 2, es donde vivirá Julián y su familia. Este primer bloque y el siguiente están separados por la carretera que, desde la entrada al barrio en línea recta, nos lleva a las “escalerillas”, que una vez subidas nos conducen a la cambera. El segundo bloque, está integrado por la casa número 3 donde residen Victoriano Cobo y familia, y por último la casa número 4, vivienda de Maximino y familia, más orientada al Sur.
Antes de pasar a describir cómo eran estas casas por dentro y por fuera, sólo indicar que la casa nº 1 y nº 2, tenían un acceso directo a la calle principal que iba de Sur a Norte. Francisco tenía salida a la calle principal, a través de un camino de tierra al lado de la alambrada que separaba su huerta de la de Julián; este camino, con el tiempo, fue realizado con cemento lo que le hacía más cómodo y seguro. También es cierto, que Francisco tenía una salida a la calle 2, a través de la finca de Julián, para lo que se había construido una portilla de madera. Pero esto fue gracias a un acuerdo entre ambos. Lo mismo sucedía, entre las casas de Cobo y Vicario. En teoría, Cobo solo tenía salida a la calle 2 y Vicario a la calle 1, pero también habían llegado al acuerdo de colocar una portilla que les permitiera pasar a la otra calle sin tener que dar la vuelta. Con el paso del tiempo, y el cambio de vecinos, este paso desapareció.
Estos dos grupos de casas, al igual que el resto de las viviendas, independientemente del tipo de bloque que formaban, tenían en su alrededor, una acera de un metro de ancho, cubierto por unas pequeñas losetas de forma cuadrada de 20 cm. de lado. Bien colocadas, creaban un cuadrado con pequeños grabados que permitían circular el agua cuando llovía. En muchas de las casas actualmente han desaparecido, siendo sustituidas por otro tipo de suel
o. Lo primero que se veía una vez se entraba en el barrio, eran estos dos primeros grupos de dos casas de una sola planta. En su momento, las fachadas eran totalmente diferentes a lo que vemos ahora. Veíamos una fachada principal, dividida por la mitad por una pared, que era el lugar en el que se establece la separación de las dos casas. A partir de esta pared, nos encontrábamos con un balcón tanto a la derecha como a la izquierda. La de la derecha pertenecía a Francisco y la situada a la izquierda, a Julián. Me centraré en la casa de Julián y Cesárea, la que por cuestiones familiares, es la que mejor conocí. Para entrar en la casa teníamos que subir una escalera de tres peldaños de cemento; a ambos lados de la escalera nos encontrábamos con dos columnas cuadradas de cemento, que llegan hasta el tejado, actuando de soporte. Allí había un balcón. A la derecha, había una ventana en la pared, que pertenecía a una de las habitaciones de la casa. Si nos desplazábamos a la izquierda, teníamos una nueva ventana y, pegada a ella, la puerta de entrada a la casa. Ambas, daban al salón y al comedor. Por último, se encontraba una nueva ventana que daba luz y ventilación a uno de los dormitorios. El balcón estaba divido en dos zonas, una que iba hasta la pared que separaba las dos casas, y la otra que llegaba hasta un poco más allá de la puerta de entrada. Ambos tramos del balcón, estaban formados por dos barandillas compuestas por dos tablas de madera de unos de 20 cm. de ancho y 2 cm. de grueso. Había una tercera pieza de madera, el pasamanos, más trabajado y grueso que permitía apoyarse con comodidad. Era habitual, que los dueños de la casa se sentaran en el balcón cuando el tiempo lo permitía.
Si continuamos por la acera de la casa hasta llegar a la fachada Sur, nos encontramos hacía la parte final, una nueva ventana perteneciente a uno de los cuartos. Al girar hacia el Norte, tenemos tres nuevas ventanas que correspondían al baño, a la cocina y a otra habitación. Todas las ventanas son del mismo tamaño.
Al adentrarse en el interior de la casa, lo primero de que se encontraba, era el salón comedor; a su izquierda estaban dos puertas que daban a dos habitaciones, al frente el puerta del baño; un poco más a la derecha la entrada a la cocina, que no tenía puerta, pues salón comedor y cocina no estaban separados. A la derecha del salón comedor, había otras dos puertas que daban entrada a las correspondientes habitaciones.
En la vivienda de Francisco, la distribución de los espacios del interior y de las ventanas y puertas era exactamente igual, pero situadas de forma contraria. Y con respecto a las otras dos viviendas, la casa nº 4, la de Vicario tenía la misma distribución que la de Julia y la casa nº 3, la de Cobo es igual que la de Francisco.
En definitiva, cada casa tenía un salón comedor y cocina en el mismo espacio, cuatro habitaciones y un baño. Por otro lado, en el interior, había cuatro puertas de acceso a los dormitorios y otra al baño. Por exterior, las casas tienen siete ventanas con sus correspondientes contraventanas y una puerta de entrada. Y todo ello de madera, lo que nos da una idea de las cantidad de este material que se utilizó en estas cuatro casas. Y la pintura que tenían que utilizar cada uno de los vecinos, cada vez que tenían que proceder a reparar las grietas que se producían por el agua, por el sol, o por el frío. Esto hagámoslo extensivo a todo el barrio.
Las cuatro casas, tenían sus correspondientes huertas para el cultivo y los gallineros, que constaban del espacio acotado por una tela de alambre, y el gallinero donde se refugiaban las gallinas por las noches y donde se ubicaban los ponederos. La extensión de las huertas y la de los gallineros eran diferentes en cada una de las cuatro casas. Parece que el terreno para el cultivo más extenso, era el de Francisco y su gallinero estaba situado al Norte, pegado a la finca de la casa nº 22 de Jesús y Teresa. La huerta de la casa nº 4, de Vicario, era posiblemente la más pequeña y el gallinero estaba situado al Sur de la fachada y de la calle primera, pegando por el Oeste al gallinero de Horacio. Julián y Cobo, no utilizaron el huerto como zona de cultivo, sino que lo convirtieron en bolera, un lugar atractivo para para pasar la tarde y tomar el vino en los bares que ambos pusieron al servicio de los vecinos.
Si continuamos hacia el Oeste, una vez pasado el río Muriago, nos encontramos con otros 4 cuatro bloques con un total de 8 casas, aquellas que aparecen nominadas por la nº 69, ocupada por Pilar “La Viuda” hasta la nº 76, en la que residían Francisco y Socorro y que presentan varias diferencias con respecto al resto de las casas. Así, estaban al otro lado del rio Muriago, y por tanto, su principal acceso va a ser a través de puentes, realizados con vigas de madera, que en muchas ocasiones, como consecuencia del desbordamiento de dicho rio, eran destruidos, provocando el aislamiento vecinos de estas casas, siendo la única forma de llegar al pueblo a través de la cambera que iba a desembocar en la carretera de Lobado y Collado en las cercanías del garaje Maquea. En todo caso, durante mucho tiempo, los vecinos que vivían en esta zona, el acceso a sus casas era a través de la cambera. Al llegar final de la fila 2, había un puente de cemento, que daba acceso a las casas de la familia Sañudo, situada a la izquierda, y la familia de Aguayo, a la derecha. Una vez pasado el puente de cemento y a unos metros nos encontrábamos “las escalerillas”, cuyo número de escalones desconozco en estos momentos y que permitían el subir a la cambera. Era el lugar por donde todos accedimos a la cambera para jugar, para charlar y si era posible, fumar nuestros primeros cigarrillos. Nadie nos veía. También era lugar de por dónde adentrarnos por el monte de Fresneda en dirección a Lobado, en busca de leña para la casa o de castañas o moras y no nos olvidemos de los nidos.
Uno de los elementos que los diferenciaba de los dos bloques descritos al principio, radicaba en que la balconada, así como la puerta de acceso a la casa, no se situaba en la parte central sino en la lateral, mirando en dirección norte o sur. Así, de las ocho viviendas que había en esta zona, todas las que llevaban números impares, su balconada y puerta estaban orientadas al Sur; en cambio, los números pares estaban situadas al Norte.
Pero entre estas viviendas había una diferencia muy marcada. Si a las casas ocupadas por la familia Sañudo y la familia Aguayo, se accedía a ellas, una vez se llegaba a la mitad de las “escalerillas” desviándose a la izquierda o a la derecha respectivamente. Lo cual, no sucedía con el resto de las casas de esta zona. Así, para acceder a la casa de Pilar “La Viuda”, se tenía que subir a las escalerillas hasta la cambera y después dirigirse a la izquierda, hasta llegar a unas escaleras que le permitían llegar al balcón de la casa. Aquellos que vivían a la derecha de la familia Aguayo, giraban a la derecha y a través de la cambera llegaban hasta su casa. Por tanto, todos ellos tenían que subir las “escalerillas” y después desplazarse por la cambera hasta sus casas.
Se trató de buscar una solución a este problema, bien mediante acuerdos entre los vecinos, bien con la construcción de nuevos pasos. Entre los acuerdos, nos encontramos el llevado a cabo por Sañudo y su vecina Pilar, a la que se permite acceder a su casa a través de la acera de la finca de Sañudo, sin tener que subir a la cambera. No parece que se llegó a un acuerdo entre Aguayo e Higinio. La solución, posiblemente la más acertada, fue la de construir puentes que permitieran la entrada a las casas de aquellas familias que solo tenían acceso por la cambera. Los puentes construidos fueron tres, y coincidían con las tres calles finales del barrio. Eran puentes de madera, travesaños de las vías del tren, construidos por los propios vecinos, no equiparables al que permitía el acceso a las “escalerillas”, pero si es cierto que facilitó a los vecinos de la zona tener más contacto con el resto. Esos puentes estaban sobre el río Muriago, pequeño, sin mucho cauce y poca agua, pero que en invierno generaba graves destrozos en el barrio y con frecuencia había que repararlos. Pero fue una buena solución para todos.
Estos cuatro grupos de dos viviendas, presentaban una construcción diferente a la que nos encontrábamos al inicio del barrio. Como hemos indicado, la zona de acceso se situaba en la zona Norte y Sur, según la casa. Así, si nos fijamos en la casa de Sañudo teníamos que pasar el único puente de cemento existente en el barrio. Había que caminar unos metros hasta llegar al inicio de las escalerillas, llegando a un descansillo de varios metros, y girando hacia la izquierda nos encontramos con la entrada a la finca de Sañudo. Las escalerillas continuaban ascendiendo hasta llegar a la cambera.
Volviendo a la zona de descanso de las escalerillas, estaba el camino que nos llevaba a la vivienda. Subíamos tres escalones y nos situamos en el balcón, que se prolongaba a lo largo de toda la fachada y abierto también por los laterales, cosa que tampoco sucedía en anteriores viviendas. Esta era una de las diferencias que existían con las casas de la entrada del barrio. Allí, el balcón abarcaba sólo una parte de la fachada. Aquí en cambio, ocupaba toda la fachada. En el balcón había tres columnas de madera, situadas en los dos extremos y en el centro del mismo. Las tres soportaban una viga de madera en posición horizontal. De los extremos de esta viga, saldrían otras dos, que serían la base de la forma angular del tejado del edificio.
En el balcón o portal, en la mitad del mismo estaba la puerta de la vivienda. En esta zona, mirando al norte había una ventana, y la puerta. Al adentrarnos en la casa nos encontramos con una sala-comedor junto con la cocina. En esta última estaba el fregadero, la cocina propiamente dicha y el fogón. En la cocina había una la ventana que daba al Oeste.
Saliendo al salón-comedor, se encontraba a la izquierda un pasillo que, a mano derecha, nos llevaba en primer lugar al baño con su correspondiente ventana. Continuando por el pasillo nos encontramos con una de las habitaciones y su ventana. Las tres ventanas daban al Oeste.
Llagamos al final del pasillo y al girar a la derecha, había una nueva habitación. Esta presenta una diferencia con las casas situadas al principio del barrio, pues tiene un pequeño balcón, con su correspondiente puerta de salida. Continuando por el pasillo tenemos otra habitación con su ventana. Y una vez de vuelta en la sala-comedor, a la derecha tenemos una nueva habitación con su ventana. Tanto las dos ventanas de esta zona, así como el balcón, están en dirección al Este.
Toda la vivienda, tiene una huerta que la rodea. La zona más ancha se sitúa al lado del Muriago; la otra al lado del balcón o portal principal, está delimitada el puente y el camino que conduce a las escalerillas. Por la zona que daba a la cocina, baño y habitación había una acera, como las que existían a lo largo de todos los edificios del barrio. Entre esta acera y la pared de la cambera había otra zona de huerta. En ésta, pegando a la huerta de Pilar, hubo un pequeña “chonera” donde se criaba un cerdo, y que aportaba carne después de la matanza. No podemos olvidarnos del gallinero, que está situado en la parte pegada al río Muriago y a la finca de Pilar.
El resto de las viviendas de estos cuatro bloques eran iguales.
Bloques de ocho viviendas. Según entrabamos antiguamente al barrio, y continuando por la carretera de la izquierda, la conocida por todos los que vivíamos allí, como la 1ª fila y una vez pasada la casa nº 4, ocupada por Marcelina y su familia, nos encontramos con dos bloques, cada uno de los cuales albergaba 8 viviendas. Esta singularidad de los edificios, hacía que entre los vecinos los denominasen con el nombre de “El Cuartelón”, aunque he decir que yo no conocía ese nombre. Siempre se aprende una cosa nueva.
Estos edificios, estaban situados, en lo que nosotros conocíamos como la primera fila, que a la izquierda estaba la pared de piedra que separaba al barrio de los prados situados en la zona sur y que se prolongaba hasta la zona del río Muriago. Al lado de la pared, nos encontrábamos con la cuneta, que iba a tener su importancia en nuestros juegos de infancia. A mano derecha se hallaba la vivienda y la huerta de la familia Vicario. Todos los prados situados al Sur del barrio, han desaparecido, actualmente solo existen bloques de edificios.
Lo primero que debemos indicar, es que ambos edificios presentan básicamente tres diferencias con el resto de las otras viviendas. Así, la fundamental es el número de vecinos y la forma de acceso a dichas viviendas, por otro lado, la situación de las huertas y gallineros y, por último, la existencia en la parte Sur de las viviendas de un espacio de terreno, diferenciado de la carretera, que no era cultivado, que no había zona de jardín y que, en algún momento, uno de los vecinos procedió a su cierre para uso particular y que hoy todavía se conserva.
Cada uno de estos dos edificios, presenta las mismas características. Los dos tienen 8 viviendas. Por otro lado, en cada uno de los extremos, existen dos viviendas que tienen las mismas características que las que observamos en los bloques de cuatro viviendas, que son las más habituales en el barrio. Es decir, a las viviendas situadas en la parte superior, en dirección Este y Oeste, se asciende a través de una escalera de madera. Esta escalera, arranca de manera frontal a la pared con escalones, llegando después a un pequeño descansillo, y a partir de aquí la escalera continuaba pagada a la pared. Después de unos escalones, se llega al balcón, desde el que mirando al Sur se ve al río Muriago y los prados con sus cierres de pared de piedra o con las típicas alambradas que impiden el paso de los animales de unas fincas a otras. Las dos viviendas situadas en la parte de abajo, son iguales a las que se construyen en los edificios de 4 viviendas. Se accede a ellas a través de un pórtico de piedra con su correspondiente tejavana. Hay un escalón que facilita el acceso a donde se sitúa la puerta de entrada la cocina comedor.
Por lo que se refiere a las otras cuatro viviendas, que hay en estos dos edificios, la solución para su acceso es diferente. En principio, señalar que estas cuatro viviendas, tienen igualmente un pórtico de entrada, con una puerta por la que aceden los cuatro propietarios, a un ancho pasillo y que, a mitad del mismo, hay una puerta por la que se entra en cada una de las viviendas inferiores. Un poco más adelante, a la derecha, nos encontramos con una escalera de madera que nos lleva a un pequeño descansillo, en el que la escalera gira hacia arriba, y tras otros pocos escalones nos lleva a un pasillo a cuya derecha, se encuentra la puerta de uno de los pisos superiores. Al girar a la izquierda, y tras unos breves pasos tenemos la puerta de acceso a la siguiente vivienda.
Si nos centramos en la distribución del espacio en el interior de las viviendas vemos lo siguiente. A mano derecha, según entramos en el edificio, está la puerta de acceso a la vivienda. En el interior, a mano izquierda el servicio, con su correspondiente baño, plato de ducha y lavabo y la ventana situada al Norte del edificio. A continuación, estaba la cocina, con su fogón, fregadero y la cocina de carbón y leña y una nueva ventana. Y, por último, nos encontrábamos con una habitación con su puerta y su ventana, que como las anteriores daba hacia el Norte.
En la fachada Norte, la que da a las huertas, tienen dos filas de 10 ventanas cada una. Entre estas dos filas en la zona del intermedio del edificio una ventana que no sigue la línea de las anteriores, y que viene a coincidir con el rellano de la escalera, que existe en el interior de ambos edificios, y se utilizaba para subir a las dos viviendas superiores. Fijándose en la fila superior de ventanas, todas ellas corresponden a las cuatro viviendas situadas en parte superior. Así, las dos primeras y las dos últimas ventanas, corresponden a las dos viviendas a las que se accede por la escalera y que tienen balcón. Las seis ventanas restantes, corresponden, tres para cada una, a las dos casas situada en la parte superior y a las que se llegaba por la puerta central situada en la zona Sur del edificio.
En la parte de abajo del edificio, hay otras 10 ventanas, distribuidas de la misma forma y número que en las viviendas superiores. Así todo, hay una diferencia, entre las ventanas de arriba y las de abajo. Las ventanas de las viviendas inferiores, tienen en la parte superior un vuelo de protección de cemento, cuya función era la de proteger de la caída del agua para que no entrase en las habitaciones.
En la zona del Este y Oeste de ambos edificios, se encuentran las escaleras para subir a los pisos superiores, dos ventanas, una en las viviendas de arriba y otra en las de abajo. Ambas ventanas correspondían a una de las habitaciones de las viviendas. Igualmente, había otras dos ventanas, que correspondían al baño de cada una de las viviendas. En la vivienda superior la ventana del baño estaba situada una vez, al inicio del balcón una vez subidas las escaleras. En la vivienda inferior estaba situada debajo de las escaleras.
Ambos edificios presentan otras particularidades con respecto al resto de las viviendas. Así por ejemplo, los dos edificios tienen en la parte delantera un terreno no cultivado, no es la huerta, creo recordar que no tuvo ninguna utilidad para los vecinos, el ser utilizado como zona de juego y de charla de niños y vecinos. Lo que no impidió, que en ocasiones alguno procedió a su cierre convirtiéndolo en un bonito jardín; jardín que se mantiene hoy día.
Por otro lado, estos dos edificios, tenían su huerta en la zona norte. Dado que los vecinos tienen su salida por la zona Sur, era necesario crear un espacio para acceder a las huertas. Esto explica que la separación de ambos edificios sea bastante importante. Para facilitar el acceso de los vecinos a sus huertas, alrededor del edificio se creó una acera con pequeñas baldosas con dibujos geométricos, de los que ya hemos hablado. Estas casas no tenían acceso directo a las huertas. Pero éstas eran continuamente visitadas por sus dueños, pues siempre había cosas que hace en ellas: eliminar las malas hierbas, cavarlas, recoger las distintas cosechas y, por supuesto había que dar de comer a los animales. No podemos olvidar que en aquellos tiempos todas las huertas tenían su gallinero, con sus correspondientes gallinas y conejos. Y eso implicaba recoger los huevos, limpiar las conejeras, y llevar comida a los animales.
Las huertas de dichos edificios tenían, forma rectangular, que iba desde la pared norte de los dos bloques hasta la calle de la segunda fila. Salvo en la casa nº 5 ocupada por Horacio, cuya finca se situaba a mano izquierda según se salía de dicha casa y que continuaba pegada a la calle hasta la parte trasera de la casa de Gumersindo. Lo mismo podemos decir de la casa nº 19, habitada por César Laguillo, cuya huerta se sitúa al Oeste al salir de casa y a pocos metros. También la casa nº 20, habitada por Andrés Fuentes, tenía la huerta a pocos metros caminando por la calle en dirección al rio Muriago, que era el límite de ésta.
Bloques de 4 viviendas. Este es el grupo más numeroso, de hecho, hablamos de 12 edificios, agrupados en filas de tres. Cada uno de ellos tiene 4 viviendas, lo que en definitiva implican 48 familias que vivieron en ellas.
Todas las viviendas situadas en la planta baja del edificio, tenían un número impar. La entrada estaba situada al Sur. Había una portilla de madera y un camino de tierra, que los vecinos resaltaban con piedras pintadas con cal. El camino llevaba hasta el pórtico, con una tejavana, en donde se encontraba la puerta y una ventana. El pórtico y la tejavana cumplían la función de sentarse a la sombra en los días de sol, y en los días de lluvia permitía protegerse del agua mientras se entraba en casa.
Las viviendas de la planta superior, tenían siempre número par. El acceso a la finca era por el Norte. Allí nos encontrábamos con una portilla y un camino idéntico al que había en la casa de abajo. Aquí ya no nos encontrábamos con un pórtico, sino una escalera de piedra con cinco escalones, situada de frente a la fachada. A ambos lados de esta zona de la escalera, había dos fosos, que llenos de tierra se convertían en zonas con geranios y claveles. Esta zona, con la construcción de nuevas escaleras, desapareció.
Todo el edificio, estaba rodeado por una pequeña acera que, como hemos visto en otros lugares, estaba cubierta de losetas grabadas con formas geométricas que facilitaban el traslado del agua de lluvia hacia la huerta.
Los 12 edificios de estas características, tenían en la fachada Norte, cuatro ventanas, una en cada vivienda de la parte superior y una en las casas de la parte de abajo. Las cuatro ventanas, están situadas en la zona central de la fachada, muy cercanas al tabique divisorio de las cuatro viviendas. Cada una de las ventanas, correspondía a una de las habitaciones, que había en las viviendas con orientación Norte. Si nos fijamos en la fachada sur, la visión en diferente. En las viviendas superiores nos encontramos, en cada una de ella, la zona del balcón, con su correspondiente tendal y tres ventanas. La primera, situada en la zona del balcón, que daba al lavadero, que había en las casas. En esta zona estaba la puerta de entrada a la vivienda. Continuación nos encontrábamos con una ventana situada en la cocina-comedor. Y por último una tercera ventana que correspondía a una de las habitaciones.
En las viviendas de abajo nos encontramos, a la derecha una ventana que daba a la zona donde estaba el lavadero. En la mitad de la fachada, hay un dintel construido con piedra, mediante dos muros laterales de una anchura de unos 25 cm. cada uno. Culminaba con un pequeño tejadillo, que protegía la puerta en los días de lluvia. Antes de entrar en el dintel había dos escalones, que en muchas ocasiones servía como zona de descanso. Subidos los escalones, a la derecha estaba la puerta de la vivienda y en la parte de la izquierda con una ventana que daba a la cocina-comedor. Más a la izquierda estaba la última de las ventanas, que correspondía a una de las habitaciones.
En las viviendas situadas al Oeste, el número de ventanas es la misma, aunque la distribución es a la inversa.
Tanto en las fachadas que daban al Este y al Oeste, nos encontramos, en la derecha de la situada al Este, dos ventanas, una por cada piso, que daban acceso a dos habitaciones. Al subir por las escaleras, y nada más llegado al inicio del balcón, tenemos una ventana que daba al cuarto de baño. Lo mismo sucedía en la planta de abajo, donde debajo de la escalera nos encontramos con la ventana del cuarto de baño. Lo mismo vemos en la fachada Oeste, aunque con una orientación de izquierda a derecha según miramos de frente.
Como decimos, esta era la división y distribución de las ventanas en los edificios de cuatro viviendas, pero hay algunos casos que no cumplen estas similitudes. Así en las viviendas nº 34, 45, 46, 57 y 58, el acceso a las mismas no se hace por las filas 4 y 5, sino por la calle que comunicaba el barrio de Sur a Norte, que pegaba a los prados de Angelín “el de Cobo” y el prado de la Condesa, bajo la explotación de “El Pasiego”. Es decir, la entrada se hacía por la zona central de las fachadas situadas el Este.
Por otro lado, en las viviendas nº 60, 62, 64, 66, es decir, las situadas en la parte superior, la entrada a las mismas se realizaba a través de un amplio camino, que con el tiempo permitiría la entrada y salida de coches de aquellas épocas, y al final del mismo, estaba el camino en dirección a las escaleras de las viviendas. Los mismo podemos decir con la vivienda nº 68, donde para llegar a las escaleras había que pasar un estrecho camino que iba pegado al río Muriago, que en aquellos momentos no estaba canalizado; imaginémonos lo que significaba para los que allí vivían, las riadas del invierno.
Esto es lo que podemos decir, a grandes rasgos, de la distribución de los edificios de nuestro barrio y las características de cada una de las casas. Vemos que es un barrio en el que la madera tuvo una importancia muy grande en su construcción. Es cierto, que nunca asistimos a ningún incendio en el barrio, pero también lo es que con el tiempo hubo de procederse a cambiar todas las partes de madera, -puertas, ventanas, escaleras, etc.- dado su frecuente deterioro. Esto, generará problemas que habrá que resolver y que producirá ciertos “conflictos”, entre los vecinos y la Constructora. Pero eso lo dejamos para más adelante.