Me he convertido en el enemigo público vial número uno, sin yo pretenderlo. Mi delito consiste en hacer uso del servicio público de bicicletas, con la intención de ir desde Cuatro Caminos al Sardinero, tratando de utilizar mayoritariamente el carril bici (lugar por el que circulan peatones distraídos).
Como no hay carril en todo el trayecto, una vez cogida la bicicleta en el Mercado de Méjico, tengo la opción de acceder a la calle Vargas, con el consiguiente malestar de los automovilistas que se incomodan porque ralentizo su marcha, o la Alameda de Oviedo, y aquí me topo con la incomprensión de los peatones, que consideran las aceras y alamedas de su exclusiva propiedad.
En mi desplazamiento entre los peatones procuro adaptar la velocidad a la densidad de circulación de los mismos, estar atento a los imprevisibles niños, controlar a los despistados que van mandando mensajes con el móvil o utilizando los cascos para oír música, así como a los ancianos que, suelen tener problemas audiovisuales, pero esto no me hace escapar de las iras de los más agresivos. Estas circunstancias se agravan a medida que nos aproximamos al centro y a horas punta.
Me ha llegado la noticia de que se va a legislar que tendremos que utilizar casco y circular por la carretera y mucho me temo que, con un exclusivo afán recaudatorio, dentro de poco tendremos que utilizar chalecos reflectantes, pasar la ITV y hasta sacarnos un carnet de ciclista. Es más, acabo de ver que el abono anual para este servicio que yo tengo, se acaba de subir abusivamente de 10 a 24 € (así se favorece el transporte urbano ecológico, respetuoso con el medio ambiente), estando únicamente justificado este injusto incremento, si en el mismo estuviese incluido un seguro que cubriese los posibles accidentes que ocasionase o sufriese el ciclista.
Movido por mi triple faceta de peatón, ciclista y automovilista, veo más adecuado que se comparta espacio con los peatones, ya que por motivos de seguridad, siempre será menos grave el posible accidente ocasionado por un ciclista a un peatón, que el que le pueda ocasionar a este un vehículo a motor (sobre todo si es un camión o autobús), pero mucho me temo que sea el ciclista el que siga sufriendo la incomprensión de los peatones, los automovilistas y también de la Administración.
A. José Salas en Cartas al Director del Diario Montañés
A. José Salas en Cartas al Director del Diario Montañés
