25 enero 2013

MARGINACIÓN SILENCIADA

El otro día pude presenciar en un programa de televisión cómo se defendía un tipo de marginación de la que nunca se habla ya que solamente parece que existe la de por razón de sexo. Esta marginación silenciada es la que sufren los ancianos.
Un grupo de personas, mayoritariamente jóvenes, defendía que a los ancianos no se los implantasen prótesis de última generación porque, para lo que iban a vivir, ellos consideraban que era un lujo del que solamente podían beneficiarse las personas jóvenes.
Recientemente el ministro japonés der finanzas, Taro Aso, ha hecho unas declaraciones diciendo que los “ancianos debían apurarse a morir”, justificando así el ahorro sanitario.
Vista le tendencia de la sociedad preveo que dentro de poco se acelerarán los trámites para tratar el tema de la eutanasia y se legislará que un simple catarro puede ser declarado suficiente para que al sufrido anciano se le aplique, ahora sí y con la complicidad de la familia, la última tecnología en inyecciones letales, que le ayudarán a evitar los múltiples sufrimientos derivados de tan dañina y dolorosa enfermedad.
Nuestros políticos, siempre al servicio de la sociedad, verán con buenos ojos el que la cantidad de pensiones que tienen que pagar disminuya y aceptarán de buen grado la sugerencia de la mayoría, formada generalmente por gente más joven.
Lo peor de todo es que el posible ahorro derivado de esta práctica pueda, en primer lugar, quedarse entre las manos del corrupto político de turno, sirva para sanear la banca, para pagar a traductores del gallego vasco o catalán al español, o se lo gasten en obras faraónicas, aeropuertos en los que no aterriza ningún avión, trenes que no van a ninguna parte, primas, otras que no son primas, pero que son muy caras y otras cosas que me callo.
¿Esto es lo que conocemos por democracia?
A. José Salas Pérez-Rasilla, en Cartas al Director, del Diario Montañés 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando leo estos alegatos me acuerdo de aquella película de Antony Quin titulada "Los dientes del diablo". En aquellas civilizaciones los "abueletes" sabían el orden que ocupaban en el interés primordial de conservar la especie.

En otro artículo de este blog publicado hace pocos días, se explicaban las diferentes reacciones ante la llegada del "atardecer" de la vida. La cuarta decía que lo más sabio era disfrutar de el día a día y cuando apareciese la "dama de blanco", pues encomendarse a las creencias de cada cual y marchar lo más dignamente posible.

A mi entender, no merece preocuparse demasiado por nada a estas alturas de la vida. Nos hemos ganado el derecho a estar tranquilos sin tener que auto-flagelarnos nosotros mismo.

Mis abuelos cantaban una canción que decía..., "Si quieres ser feliz nunca analices...." y aunque no comulgo del todo con la máxima, creo que llegada esta etapa, quizás sea lo más práctico.