21 diciembre 2014

TRABAJO Y REYES MAGOS

Tengo 41 años, con suerte estaré ya por la mitad del camino y como mucha gente de mi promoción y de otras, he pasado muchos de estos años trabajando, en mi caso 21. Cotizando y pagando impuestos para sostener un sistema en el cual no creo, y del que siento que me margina, nos margina. Os cuento por qué.
Después de haber agotado mi prestación de desempleo por culpa de varios ERE (ese procedimiento por el que algunos empresarios ha podido burlar su responsabilidad a costa del dinero público) y someterme a tibios programas de reinserción laboral, llevo casi un año sin tener ningún tipo de ingresos. Como tengo menos de 45 años y no tengo “cargas familiares” (como técnicamente lo llaman) no me corresponde ningún subsidio para poder hacer frente a mis gastos. No importa lo buen o mal ciudadano que hayas sido, honrado o ladrón, que tenga una hipoteca o no, mi base de cotización o el absentismo laboral en estos años …. No hay más requisitos.
Y saber que hay tantas personas en una situación peor, lo pienso cada día que voy al instituto para seguir mi formación, es cruel.
Pero hoy, cuando iba a por el sello para esta carta, al pasar por delante de una empresa de trabajo temporal … ¡fui feliz por un instante!, había un trabajo que se ajustaba a mi perfil profesional, pero … esta vez sí había requisitos. Ser menor de 30 años o mayor de 45.
¿No choca esto de manera violente con uno de los derechos fundamentales de la que dicen es la constitución de todos? pues no, el artículo 35 referido al derecho y deber de trabajar, solo habla de discriminación por razón de sexo. A diferencia de otros, donde además habla de edad, etnia, religión. ¿No está realmente difícil para todas las personas como para poner barreras de edad, etnia o religión?
¿De verdad es justo ofrecer bonificaciones de hasta el 75% por contratar trabajadores de una determinada edad? Y lo peor de todo, que la edad de los excluidos coincida además con la misma franja de edad excluida para solicitar un subsidio por desempleo (sin cargas familiares).
Ye me aburro, y empieza a ser poco divertido este juego. Por eso y por tantas cosas más. Sus Majestades, este año el único regalo que quiero pediros es un juego nuevo, uno con reglas más justas, que no excluya de manera tan pueril a nadie y sobre todo uno en el que los tramposos no puedan jugar.
Luis Alberto Saiz Aguirre, en Cartas al Director, del Diario Montañés

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