16 marzo 2016

EL ARTE DE ENFADARSE

Leí el otro día en una web sobre la educación de niños, a una madre que decía que hay que permitirse estallar de vez en cuando ante algún mal acto de sus retoños. Me dio pena ver que se sentía muy en la obligación de justificarse por ello. También he asistido a la conferencia de un pedagogo que enfatizaba en no gritar nunca a los niños. Yo, siempre he sido del parecer de Aristóteles: “La cuestión no es enfadarse o no enfadarse, es cuándo enfadarse, con quién y de qué manera”. Creo que las cosas se han de medir por sus efectos, no soy tan amigo de los principios; seamos prácticos. Claro que hay que calcular a largo plazo. Pero creo que la bondad o maldad (o lo adecuado o no adecuado) del gritar a los niños depende, como en arte, de varias cosas: talante personal, contexto cultural, pericia del adulto en el manejo de la cólera y sus simulacros. Sin caer en extremos del estilo “día de la ira”, que todo lo justifica, creo que el enfado inocula un concepto de lo que es la normalidad; la hace presuponer. Y ése es para mí un concepto importante, por problemático que sea. Hay quien atribuye, creo que por mera estética una especie de superioridad ataráxico-mística a la imperturbabilidad; pero con su pan se lo coma, si no consigue que en el crío prenda un poquito la culpabilidad, que también es necesaria. En fin, es un arte difícil. Escribo esto para auxilio de quién, el pobre, se crea que lo única válido es no gritar nunca.
Adolfo Palacios González, en Cartas al Director, de El Diario Montañés.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por lo que leo,queda un justo en nuestra aldea, así que el mundo puede salvarse todavía.

Aris dijo...

Esperemos que el Justo ( segun el anónimo )aplique tal filosofía con sus hijos y nietos, puesto que si no fuera así todo quedaría en estéril palabrería.

Cuántas lecciones de este tipo recibimos de nuestros actuales entornos, pero una cosa es predicar y otra dar trigo... Yo educo a mis hijos y nietos, según lo aprendido de mis ancestros.

Atentamente: Aristóteles, "hijo intelectual" de Platón y "Nieto Intelectual" de Sócrates.