23 diciembre 2012

UN HÉROE DOMINICO DE COO EN EL OLVIDO

PAULINO LAGUILLO GARCÍA-BÁRCENA (MIEMBRO DEL CENTRO DE ESTUDIOS MONTAÑESES Y DE LA SOCIEDAD CÁNTABRA DE ESCRITORES)
El Ayuntamiento de Los Corrales de Buelna viene en los últimos años perpetuando el nombre de algunos vecinos fallecidos hace más o menos tiempo y que por distintos motivos es de toda justicia tenerles presentes en la memoria e historia de este municipio industrial de Cantabria.
Sin embargo no puede decirse lo mismo en el caso de un religioso misionero de mediados del siglo XIX, auténtico héroe en Indochina predicando durante treinta años la religión cristiana en unas condiciones de vida de lo más deplorables y salvándose en múltiples ocasiones del martirio más horroroso que pueda imaginarse, hasta el punto de que el haber conseguido librarse del mismo se ha considerado un hecho auténticamente milagroso.
Aparte del estudio en profundidad que requiere la vida de este ilustre corraliego y que se intentará llevar a cabo, sirva como referente algunos rasgos biográficos para que la Corporación Municipal de Los Corrales de Buelna considere la procedencia de perpetuar su nombre en los anales de este municipio por medio de un monumento, busto, nominación de una calle, etc.
Fray Manuel Ignacio Riaño Díaz de la Essa, Obispo de Tonkín, nació el día 31 de agosto de 1829 en Coo (barrio de La Canal), uno de los pueblos que componen el municipio de Los Corrales de Buelna. Hijo de Manuel y María, siendo muy niño aún quedó huérfano de padre, decidiendo la madre enviarle a Ocaña (Toledo) para que se educara bajo la protección de su tío Manuel Campuzano, encargado del casino de la villa.
Allí conoció a los Padres Dominicos y pidió ser admitido en la orden, lo que tuvo lugar el día 25 de septiembre de 1847, haciendo la profesión solemne el 26 de diciembre del año siguiente. El convento de Ocaña estaba entonces especializado en la preparación de misioneros y fue destinado a Filipinas, perteneciente a la monarquía española.
Diácono y estudiante de primer año de teología, salió junto con otros religiosos el día 7 de julio de 1852 del Puerto de Cádiz con dirección a las islas en la fragata “Victoria”, llegando allí el 18 de noviembre de aquel año y recibiendo el presbiterado en Manila el 19 de febrero de 1853.
En el siglo XIX hubo un nutrido grupo de dominicos montañeses que padeciendo no pocas penurias tuvieron parte muy activa en la civilización y cultura de Filipinas. Entre ellos estuvieron Fr. Domingo Pérez, de Ubiarco; Fr. Juan Ventura Díaz, de Arenal de las Cavadas; Fray Francisco de la Maza (montañés); Fr. Ramón Fernández, de Camargo; FR. Francisco Rivas, de San Vicente de la Barquera; Fray Benito Rivas, hermano del anterior que nació en Bielva; y Fr. Pedro Bustamante o de Santa Teresa, de Yermo (Cohicillos). Los dos últimos habían tomado el hábito dominicano en el Convento de Nuestra Señora de las Caldas.
Fr. Manuel Riaño terminó los estudios en Manila y una vez examinado de confesor se le destinó a las misiones del Tonkin el 11 de enero de 1855. Salió con otros compañeros de Manila, vía Macao, llegando el 4 de agosto a Dong-Xuyen, precisamente fiesta de Santo Domingo en dicho pueblo del Vicariato Oriental, y el día 28 de dicho mes a Luc-Thuy, perteneciente al Vicariato Central donde se le había destinado. Tonkín, actual Vietnam del Norte, estaba dividido en cuatro vicariatos. Los dominicos españoles ocupaban la parte central y oriental, mientras que la occidental y meridional estaba bajo control de los misioneros franceses.
Los primeros religiosos dominicos que llegaron a Tonkín lo hicieron a mediados del siglo XVII, encontrándose ya con un edicto público contra la religión cristiana. En la evangelización de aquel lejano territorio de indochina y extrema dureza por continuas persecuciones dejaron su vida a comienzos del siglo XVIII los dominicos montañeses, Fray Pedro Bustamante de Santa Teresa y Fray Juan Ventura Díaz. El primero, de Cohicillos, “hombre de nada comunes dotes”, escribió una historia de Tonquín que se conserva en el archivo de Santo Domingo de Manila.
Sobre lo inhumano de tales persecuciones escribía Fr. José María Morán Álvarez que “Son despedazados tan luego como sean cogidos por los gentiles. Ellos se han sepultado voluntariamente en las cavernas de los montes y viven en compañía de las fieras. Desde que dan el primer paso en el reino de Tunkín puede decirse que firmaron la sentencia de muerte”.
El dominico de Coo estudió la lengua vietnamita en Cao-Xa, siendo su instructor Fr. Melchor García Sampedro, mártir algunos años después al ser nombrado Vicario. En Ocaña era muy extendido el dicho siguiente: “Obispo en Tonkín, mártir al día siguiente”. Aprendió el idioma en un año (Se dijo que era quien mejor le pronunciaba entre los misioneros) y en 1856 pasó a ser director del colegio de Phunhay y “maestro de los sacerdotes indígenas admitidos a la Orden”.
Pero la institución en la que tanto se volcara Fr. Manuel Riaño sufriría la suerte de tan despiadadas persecuciones. A modo de ejemplo, Minh-Manh, rey tirano de Ong-King, que tan ferozmente persiguió la religión católica durante más de una década, publicó un decreto en 1832 en contra de los templos y la enseñanza de esta religión imponiendo pena de muerte a los misioneros españoles que se ocultaran. Ordenó a los mandarines (Gobernadores de provincia) que obligasen al pueblo a pisar las imágenes sagradas para saber quiénes eran cristianos. Los martirios no dejaban de sucederse y los más frecuentes eran por degollamiento.
Sin embargo la crueldad más increíble corrió a cargo del sanguinario rey de Annam, Hoang Nham Tu Duc, y que al ser más implacable cada día llevó a Fr. Manuel Riaño a trasladarse en septiembre de 1857 a Macao en un vapor francés, para llegar a Manila y poner en conocimiento de los superiores la situación de gravedad extrema en que se encontraban. En diciembre volvió a Tonkín llevándose con él como refuerzos a Fr. José Mª Carrera y a Fr. Valentín de Berriochoa. Una vez llegado a la misión fue elegido vicario provincial, sustituyendo al P. Salgot que habían asesinado los chinos recientemente.
Fr. Manuel Riaño ejercía su ministerio “haciendo muchas y largas jornadas de noche, rodeado por todas partes de enemigos que le buscaban para prenderle y entregarle á los mandarines; para mayor sufrimiento suyo añadióse la falta de salud; y vez hubo que acabada de recibir la extremaución se vió precisado á esconderse en una cueva mediada de agua para librarse de los esbirros que iban a prenderle”. Acerca de su mermada salud desde el año 1860 se precisaba que “gracias a su constitución hercúlea y a una protección especial de Dios se libró muchas veces de caer en manos de sus perseguidores”.
El sufrimiento padecido por los dominicos de Tonkín durante el reinado de Tu Duc conllevó las mayores atrocidades humanas que puedan describirse. Ante situación tan aterradora los misioneros europeos se retiraron a Macao, mientras Fr. Manuel Riaño continuó allí solo como vicario provincial. Sobre tal época se ha escrito:”Decir en breves palabras lo mucho que padeció este célebre misionero en el ejercicio de su sagrado ministerio, especialmente durante la persecución del 57 al 62, es asunto imposible”. Vivió momentos de lo más espeluznantes con los crueles martirios de Obispos, como en el caso de quien había sido su instructor, Fr. Melchor García Sampedro, horriblemente martirizado el día 28 de julio de 1858. Crucificado de pies y manos que atravesaron con estacas, cortaron sus piernas por las rodillas, los brazos y la cabeza, extirpándole las vísceras de su cuerpo y colocándolas en lugares emblemáticos como advertencia a la población cristianizada. Otros martirios en aquellos años tan aciagos para el cristianismo fueron los de Fr. Valentín de Berriochoa, vicario apostólico que sucedió al anteriormente citado; y José María Díaz Sanjurjo, Obispo de Platea.
Indudablemente estos sucesos de tan extrema gravedad y tristeza dejaron muy herido el corazón del dominico corraliego y cuando se aplacó tan dramática persecución escribía a su inmediato superior: “Cuando salgan nuestros cursores para Hong-Hong, que será pronto, pienso enviar a V.P. un recuerdo de este muy amado Vicariato; pero le suplico encarecidamente mande sacar tres ejemplares: uno para mi inolvidable colegio de Ocaña; otro para el de Corias, y el tercero para nuestro Convento de Las Caldas”. Dichos cuadros representaban los martirios de los citados obispos.
Para más desgracias y tribulaciones de los misioneros españoles les sobrevino después una gran inundación que prácticamente lo arrasó todo, asolando la hambruna por falta de arroz, la peste y otras calamidades para la población. Tanto desastre llevó en 1863 a Fr. Manuel Riaño a Manila para socorrer las necesidades más perentorias de la misión.
El día 8 de diciembre de 1867 fue nombrado coadjutor de Fr. Bernabé García Cezón, Vicario Apostólico del Vicariato Central, siendo consagrado Obispo Coadjutor cum jure sucecsionis, con el título de Thaumacense, el día 1 de enero de 1868 en el pueblo de Bac-Ninh.
De todos los vicariatos el más azotado por tantas adversidades había sido el central, dejando exhausto a Fr. Bernabé durante los doce años que estuvo al frente del mismo, presentando la dimisión para retirarse a Manila, que le fue aceptada. Y de esta forma el fraile dominico de Coo, Manuel Ignacio Riaño Díaz de la Essa, “entró a ejercer las de Vicario Apostólico a últimos de noviembre de 1879”. Su vicariato comprendía casi toda la provincia de Nam-Dinh, y la de Hun-Yen, completa.
El clero en el “Vicariato Central del Tunking correspondiente al año 1880 era el siguiente: Ilmo. Y Rvdmo. Sr. Vicario Apostólico don Fr. Manuel Riaño, Obispo Thaumacense, con residencia en Bui-Chu; M.R.P. Vicario Provincial Fr. Isaac Martínez Barquero, con residencia en Phu-Nai; RR.PP. W. Oñate, J. Pagés, M. Fernández, P. Soriano, E. Escribano, A. Foronda, J. Solá. Todos dominicos españoles. Sacerdotes dominicos indígenas, 5. Sacerdotes seculares indígenas, 33. Ordenados de minoristas y tonsurados, 14”.
Durante una visita a su vicariato en 1882 “sufrió una mala caída y se mancó notablemente la mano derecha”. Esto vino a añadirse a su salud muy quebrantada desde hacía mucho tiempo. Su biografía destaca que “las muchas y grandes fatigas del ministerio, minaron profundamente la salud del Sr. Riaño, y de tal suerte le debilitaron, que á los 55 años de su edad, se vió incapacitado de proseguir en la misión á causa de un reblandecimiento cerebral que le sobrevino”.
Su estado de salud se agravó hasta el punto de que habiendo obtenido facultad de la Santa Sede para nombrar coadjutor, tuvo que regresar a España antes de consagrarle a mediados de marzo de 1884, eligiendo por residencia el Colegio de Santo Tomás, de Ávila. En su libro de entradas consta lo siguiente: “En el mes de mayo llegó a este Colegio el Ilmo. Y Rvdmo. Sr. Don Fr. Manuel Riaño, Vicario Apostólico del Tunkín, con la salud muy quebrantada, efecto de sus trabajos apostólicos y persecuciones sufridas de parte de los infieles. Mientras estuvo aquí se le prodigaron toda clase de cuidados como merecían su dignidad y méritos. Le asistía y curaba el doctor Casterezana, médico hidrópata, y con el objeto de someterle al tratamiento hidroterápico, se compró un aparato especial que costó dos mil y doscientos reales”.
Como no encontraba mejora alguna en su salud el Obispo de Tonquín decidió probar los aires de su tierra natal para ver si lo conseguía, trasladándose a Coo con “un Padre y un Hermano Lego”. Estuvo en su pueblo por espacio de un mes pero al sentirse agravado en su enfermedad regresó al colegio de Ávila, donde falleció el día 27 de noviembre de 1884. Según recoge el acta de defunción, “Su cadáver fue inhumado en la Iglesia del Colegio, en el Crucero, hacia el medio de la capilla colateral de la derecha, con asistencia de un concurso extraordinario, y del Clero y Comisiones de esta Ciudad”. Los familiares de Coo intentaron traer sus restos al Santuario de Nª Sª de las Caldas hace aproximadamente treinta años.

1 comentario:

Uno del Puebluco dijo...

Es muy interesante y meritorio que haya intelectuales que se dediquen a retirar del olvido a los grandes personajes que, nacidos en nuestro Valle, hicieron Historia y camino en su andar.

¡ Gracias a los estudiosos que se esfuerzan en ello y nos traen, para bien conocer, a tales personajes !